Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 19 de septiembre de 2020
  • Actualizado 02:08

Certezas de impunidad e inmunidad

Certezas de impunidad e inmunidad

Los acontecimientos que suceden en el país, algunos disfrazados de  justicia y otros de política,  resultan altamente preocupantes, porque el disfraz con el que se cubren  no soporta una mirada medianamente escudriñadora y lo que sí refleja, es el estado de descomposición en el que ha quedado la sociedad después de largos y sostenidos cursos impartidos por maestros especialistas en  burlar las leyes, desafiar las normas de convivencia social, hacer gala de su desprecio por la vida y su odio a flor de piel.
El linchamiento de un joven sospechoso de haber robado una motocicleta en la comunidad de Challviri, jurisdicción de Sacaba, previo sometimiento a  tortura, a  aberrantes suplicios como ser obligado a cavar su tumba, ser enterrado aún con vida y nuevamente sacado para quitarle el poco aliento que le quedaba, es apenas una muestra del grado de inhumanidad al que se ha llegado y la certeza de impunidad que existe en algunos sectores sociales;  crimen que, además,  fue ejecutado en presencia de su madre y parientes, cuyas súplicas de perdón fueron ignoradas por los envalentonados líderes de la comunidad y las supuestas víctimas de robo, quienes decidieron aplicar lo que para ellos es la “justicia comunitaria” y luego resistir a la Policía.
Un acto espeluznante  como el descrito, nos induce a preguntar ¿cuánto odio se necesita acumular para someter a un ser humano, que bien puede ser su hijo, hermano o nieto a semejante trato cruel e inhumano para luego continuar su vida cotidiana como si solo hubiera aplastado a una cucaracha?
Otra conducta que también es la expresión del grado de prepotencia y desprecio por los demás, es la consigna emanada de las filas del MAS para resistir a la cuarentena dispuesta por las autoridades para frenar la propagación de contagios con el COVID-19, con el mezquino objetivo  de debilitar al gobierno transitorio, convenciendo a los y las movilizados/as que son inmunes a la pandemia, que ya ocasionó  más de un centenar de muertos en el país.
La facilidad con la que reiterativamente se cometen los crímenes más aberrantes a nombre de la justicia comunitaria, así como la resistencia al cuidado de la salud propia y de los demás, son producto de la certeza real o imaginaria de que los actos de los perpetradores quedarán impunes y sus cuerpos inmunes a la actual o futuras pandemias.
Es hora de demostrar lo contrario, y la única forma es contar con un sistema de Justicia verdaderamente independiente, firme y a cargo de personas con ética y probidad, fuera de toda duda.