Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 19 de septiembre de 2020
  • Actualizado 02:00

En lo malo, lo bueno

En lo malo, lo bueno

En un momento en que la pandemia del COVID -19 avanza a paso firme en el país, generando temor y consiguiente angustia en la mayoría de las familias,  se destapa un burdo y escandaloso negociado en la adquisición de respiradores para enfermos graves con COVID-19, cuyo número crece poniendo en riesgo de colapso los pocos hospitales habilitados. Resulta inaudito que un gobierno, resultado de la lucha social contra la corrupción, cobije en sus filas a gente inescrupulosa, capaz de apropiarse de los escasos recursos que quedaron de los millonarios desfalcos realizados durante el gobierno de Evo Morales.

Gracias a la oportuna y firme alerta de profesionales entendidos en la materia se pudo conocer una trama en la que se triplicó el precio de respiradores que debían servir para salvar vidas y se destapó la desvergüenza de quienes,  seguros de que  el pueblo domesticado a lo largo de los 14 años, no levantaría la voz. Hoy, la presión social hizo que las autoridades reaccionen y sobre cada uno de los investigadores, fiscales, jueces y demás funcionarios públicos que realizan las acciones pesa la responsabilidad  de identificar a los autores intelectuales y materiales, cómplices y encubridores y todos los que hubieren participado para que sean procesados y sancionados  con respeto a sus derechos fundamentales y las reglas del debido proceso; y, muy importante, que se recupere hasta el último centavo de lo ilegalmente retenido.

Si bien es doloroso e indignante constatar semejante acto de corrupción, tenemos que acordar que lo bueno es que queda claro que los/as ciudadanos/as bolivianos/as ya no estamos dispuestos/as a tolerar o mirar a otro lado, ni un solo día más, ningún acto de corrupción, mal que, cual cáncer agresivo hizo metástasis en el país en los nefastos 14 años pasados. Nadie, independientemente del nivel que ocupe en el Estado o sus vínculos familiares, políticos, económicos o religiosos, tiene que sentirse impune; la justicia debe actuar con independencia e idoneidad, al menos para reivindicarse de la vergonzosa etapa de servicio incondicional a intereses espurios que tuvo.

También es necesario advertir a quienes hoy salen a la palestra indignados por la corrupción del actual Gobierno, que también les llegará la hora de rendir cuentas por su participación en el latrocinio más grande de la historia de Bolivia durante el régimen anterior; que en algún momento tendrán que devolver al pueblo todo aquello de lo que le despojaron. Y los que fueron cómplices con su silencio, mejor que sigan callados, al menos que muestren algo de dignidad.

No todo había estado perdido, dentro lo malo, lo bueno es que reaccionamos.