Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 16 de junio de 2024
  • Actualizado 17:45

Violencia sexual e incapacidad del Estado para prevenir y sancionar

Violencia sexual e incapacidad del Estado para prevenir y sancionar

Las denuncias registradas en la Policía, el Ministerio Público y el Órgano Judicial de casos de violencia sexual contra mujeres, niñas/os, también, en menor cantidad, contra hombres- con preferencia adolescentes- son cada vez más numerosas y perpetradas con mayor saña. Los perpetradores no se limitan a agredir sexualmente a sus víctimas, sino que descargan sobre ellas todo su desprecio hasta ocasionarles la muerte, sea para evitar ser identificados y continuar su vida en impunidad o porque su idea de placer pervertido va más allá del sometimiento y la humillación de su víctima, placer que alcanza la plenitud al destruir su vida.

Las respuestas ensayadas desde el Estado, repetidamente para mitigar el malestar ciudadano ante un problema social y humano que por el temor y la desconfianza que genera va contaminando las relaciones familiares, comunitarias y sociales en general, son el endurecimiento de sanciones y las promesas de prevención que nunca se cumplen. 

Sin embargo, lo que la sociedad, el Estado ni las organizaciones de defensa de derechos parecen  tomar en cuenta es que entre los perpetradores y las víctimas de delitos contra la libertad sexual aparecen con mayor frecuencia menores de edad y que para enfrentar eficazmente el problema es necesario conocer las causas que inciden, pero no hay interés en identificarlas para atacarlas con mayor efectividad. 

En países con similares problemas a los que nos preocupan, se ha logrado identificar como causas,  entre otros,  el consumo indiscriminado de pornografía desde edades cada vez más tempranas  (entre los 8 y 14 años) a través de las plataformas digitales que facilitan el acceso libre a páginas porno en los móviles, tabletas o computadoras, aún sin que las/os adolescentes las busquen ni se propongan hacerlo. Las imágenes cosificadas y crudas en las que se muestran escenas cual se tratara de participación activa y consentida de mujeres, niñas y niños, responden a la demanda creciente de consumidores adictos que buscan placer en esas escenas y buscan hacerlas realidad  con sus víctimas. 

En el país, donde prima el interés de aprobar la mayor cantidad de leyes, que con anticipación se sabe que no serán cumplidas, por debilidad institucional, falta de recursos económicos, institucionales, humanos y, sobre todo, voluntad política que cuestiona los sólidos pilares del patriarcado, es difícil.

DE FRENTE

JULIETA MONTAÑO S.

Abogada, feminista, defensora de DDHH

julietamontañ[email protected]