Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 16 de junio de 2024
  • Actualizado 17:45

El país de la incoherencia

El país de la incoherencia

La imagen de país incoherente de Bolivia se reafirma todos los días por el empeño que le ponen las autoridades para que se note, sin importar si sus medidas son pequeñas, sin mayor trascendencia, o grandes decisiones que le ponen en el foco de atención de la prensa nacional e internacional. A los/as que habitamos este suelo nos tienen tan acostumbrados a escucharles decir una cosa y hacer otra absolutamente contraria, que nos tienen adormecidos sin capacidad de indignarnos y exigir explicaciones a quienes nos representan y dirigen.

De acuerdo al texto constitucional “..Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico,…(art.1) 

Tan basado en la pluralidad y pluralismo político está el país, que desde hace 18 años la persecución contra quienes piensan diferente a los que detentan el poder o aspiran a ocupar, altos cargos del Estado, mediante voto popular, es determinante para que casi nadie se atreva a exteriorizar su pretensión. El riesgo es ser imputado de la comisión de muchos delitos tipificados por el Código Penal y tener que defenderse de procesos instaurados en asientos judiciales diferentes a su domicilio sin que exista fiscal o tribunal capaz de frenar esas aberraciones.

Otro tema de cuya incoherencia se hace gala en el país es el amor a la madre tierra y una práctica predadora que, además de destruir bosques y contaminar ríos, inventa formas burdas de recaudación económica imponiendo la exigencia de proveer fotocopias hasta para el trámite más sencillo, provocando el consumo irracional de material contaminante.

Nos decimos Estado democrático y de derecho y lo primero que hacen los gobernantes es pasar por alto la independencia de poderes y someter a los otros órganos a la voluntad del inquilino de la casa presidencial.

Finalmente, lo que debía provocar se les caiga la cara a las altas autoridades del Estado es la corrupción que, pese a la existencia de duras normas para combatirla, ser corrupto/a, de facto, constituye un requisito para optar cargos en el aparato del Estado, incluidos legisladores, diplomáticos, gerentes de empresas del Estado o altos cargos en el Ejecutivo y judicial sin que preocupen las evidencias existentes y las observaciones y recomendaciones de organismos internacionales.

En tanto la indiferencia de la población ante tanto absurdo se mantenga o vaya creciendo, las posibilidades de construir una sociedad democrática en la que reine el respeto a la diferencia se va alejando más.

DE FRENTE

JULIETA MONTAÑO S.

Abogada, feminista, defensora de DDHH

julietamontañ[email protected]