Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 09 de mayo de 2021
  • Actualizado 04:22

Momentos olvidados del día

Momentos olvidados del día

Cuando el sol cae al oeste y diriges la mirada al este, percibes el brillo de los colores, coincidiendo con un concierto gratuito del canto de las aves y la presencia del viento en el ballet de las flores. Es el momento del atardecer, que los académicos no logran expresar en su mundo de artículos y los trovadores no dejan de dedicarle canciones, posee detalles que las palabras no son capaces de expresar, encantos y emociones para aquellos que aún son capaces de sentir abstrayéndose del permanente ruido cotidiano.

Los colores, en armonía de luz y sombra, pintan los matices de su rebeldía contra de los embates de ser humano, la luminosidad propia de su dinámica, expresión literal del tiempo, genera la magia de las percepciones de saturación, brillo y contraste. Los árboles, las bardas y los tejados se aprestan a recibir a las aves para resguardarlas durante la noche, es que no necesitan ser letrados para comprender que después del ocaso llega siempre el amanecer.

De camino a sus nidos, el canto de las aves, en la entrañable libertad que les concede su esencia, sin partitura ni reglas de composición que marque su compás, contraponen adagios y andantes a la prisa desmesurada del culto a lo instantáneo. A capella, sin etiquetas a su diversidad, mantiene la afinación de sus acordes, sin condición alguna de acústica, en un escenario configurado por la perfección de su creación.

Los vientos, entre brizas y tormentas, crean y recrean la coreografía de las ramas de los árboles y las flores, a su vez, impulsan las nubes para incorporarlas, con un rol protagónico, al espectáculo seductor de la naturaleza. Pocos prestan atención, una que otra pareja de enamorados sueña con los tonos rojizos, los niños incluyen al sol que se va a dormir en sus juegos y los ancianos que, sin prisa, recuerdan y sonríen en un espacio público, la plaza, a pesar de algunos vecinos que creen que la proximidad les permite considerar una propiedad inexistente.

Es la vida, revelando el amor de su creador y su propia complejidad en las cosas simples, exhibiendo la indiscutible unidad de su diversidad, que poco a poco nos olvidamos de disfrutar y dejamos de comprender. Que afortunada pausa en un mundo acelerado. De la fiesta del ocaso al amor de un amanecer.

CONSTRUIR COMUNIDAD

JAVIER PRUDENCIO M.

Director de Carrera Ingeniería Civil de la UCB 

[email protected]

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