Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 28 de enero de 2022
  • Actualizado 14:59

Río Rocha in memoriam

Río Rocha in memoriam

Por más de 10 años se viene hablando de la recuperación del río Rocha; desde auditorías ambientales hasta propuestas de canalizar han surgido como manifestaciones de los actores de la sociedad cochabambina. 

Recordar siempre es bueno. Desde 1992 tenemos la posibilidad de legislar la contaminación del río Rocha mediante la Ley del Medio Ambiente, sin embargo, recién en 1995 se implementó la reglamentación específica para exigir a los ciudadanos deberes y responsabilidades respecto a los cuerpos de agua en este caso. 

En todo este tiempo, la acción de control y verificación del nivel de contaminación para exigir su respeto ha sido insuficiente, tanto la Dirección de Medio Ambiente de la Alcaldía como de la Gobernación han fracasado en su intento de exigir a los contaminadores el tratamiento de sus efluentes para descontaminar el agua hasta un nivel permisible y, por tanto, mejorar la salud del río. Las urbanizaciones y los propietarios de las actividades económicas en las riberas y franjas de seguridad también han hecho su carnaval y no dejan de descargar sus aguas residuales; los activistas ambientales hacen lo que pueden mediante campañas que duran días y no repercuten en el tiempo. 

En todo ello, la debilidad institucional no permite una posibilidad real de mejorar la calidad del agua, porque son una especie de eventos circunstanciales todas las acciones en bien de la salud ambiental del río. En respuesta a ello, lo primero que debería procurarse es que las autoridades de la Alcaldía y Gobernación deben darle sostenibilidad al control de las actividades que contaminan el curso principal del río, ese rol es de los técnicos de ambas instancias, pero de una forma operativa y continua para tener un reporte permanente de los contaminadores y exigirles el tratamiento respectivo hasta el límite permisible o el cese de la actividad económica hasta su adecuación. La ley es la ley, y se la debe cumplir, por tanto, es una acción estratégica, pero que exige una decisión institucional radical de parte de las autoridades ambientales de nuestro departamento. Por otro lado, la conciencia de los propietarios de actividades y habitantes de los alrededores debe cambiar la forma de actuación para que mejore sustancialmente la calidad del agua. Solo hay que darse una vuelta por las riberas para ver cómo se viene descargando efluentes domésticos e industriales. Es una acción criminal y atentatoria que puede controlarse, pero que la conciencia de la gente puede resolver de raíz esta situación.

Complementariamente, los roles de los activistas deben ser aprovechados en el sentido de una planificación e implementación de acciones sobre la gestión ambiental, favoreciendo la coordinación institucional para la participación efectiva. Solo así, el río nos agradecerá sobremanera. 

CIUDAD SUSTENTABLE 

JOSÉ CASTELLÓN ONOFRE

Agrónomo, Investigador IIACH-UMSS

[email protected]

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