Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 16 de mayo de 2022
  • Actualizado 04:12

Olores en el puente Killman

Olores en el puente Killman

Los visitantes de otros países dirían ¿es una zona industrial o es una planta de tratamiento de aguas residuales? Esta interrogante viene a propósito de frecuentar la zona del puente Killman cerca al ingreso al aeropuerto Jorge Wilstermann, por la vía ribereña del Rocha. 

Estamos ante una realidad que entre Semapa y la Municipalidad se disputan la inutilidad de controlar y es la contaminación por lodos de las curtiembres que todavía se dan el lujo de seguir expulsando los residuos tóxicos del curtido del cuero hacia el río Rocha, además de los gases que se emiten a la atmósfera local de esta zona tan densamente poblada, incluso con la Feria del Contrabando que otorga un elemento más para el deterioro del paisaje de este segmento urbano crítico y concentrado. Pese a existir una reglamentación específica con la cual Semapa podría clausurar el funcionamiento de las curtiembres que todavía expulsan sus efluentes directamente al río Rocha en horarios en que los funcionarios se están alistando para salir de su fuente laboral. Y es que la realidad es esa, ni los técnicos municipales ni los de Semapa pueden hacerse respetar con estas curtiembres que a vista y paciencia de los ocasionales transeúntes en la zona botan grandes cantidades de lodos y aguas residuales del proceso de curtido de cuero con el impacto ambiental y visual, para un sector que es de suma importancia por su vinculación con las pistas de aterrizaje del aeropuerto. Hasta los pasajeros de la línea verde y amarilla del tren metropolitano sentirán los fétidos olores una vez entre en operación el medio de transporte anunciado. 

Y es que esta situación ya raya en la anomia institucional severa que no permite de una vez el traslado definitivo de estas industrias que son las más contaminantes de la zona. 

No puede existir mejor bienvenida que los gases insoportables en alrededores del aeropuerto o también la rapidez en que abandonarán la ciudad y olvidar ese episodio insalubre y desagradable porque el sulfuro de hidrógeno es hasta el extremo penetrante y persistente. 

A estas alturas confiar en la autoridad ambiental competente (Gobernación de Cochabamba) es una desventura porque definitivamente no existe la misma y su rol fiscalizador se ha reducido a un dejar hacer dejar pasar. Peor los funcionarios de la Municipalidad de Cochabamba, que al pasar por el aeropuerto prefieren hacerse de la vista gorda y con ello otorgar a los propietarios de estas industrias visto bueno para seguir contaminando el río. 

CIUDAD SUSTENTABLE

JOSÉ CASTELLÓN ONOFRE

Docente universitario-UMSS

[email protected]

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