Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 05 de junio de 2020
  • Actualizado 08:19

Tecnología y elecciones

Tecnología y elecciones

Han quedado muchas dudas sobre los resultados  del reciente proceso electoral que nos ha tocado vivir a los bolivianos en las urnas, y que ahora se está defendiendo  en las calles, incluso con la vida. Esta lucha se ha desatado contra el fraude electoral que siente nuestra población, porque en este proceso no se habría respetado su voto, es decir, que la integridad y seguridad de la elección estarían cuestionadas. Como sabemos, las elecciones libres y transparentes son la columna vertebral de cualquier democracia, porque en una  elección es cuando el poder está totalmente en manos de las personas que votan para definir el futuro de su país. Ellas quieren que ese proceso electoral derive en progreso, oportunidades y opciones. Un proceso que les permita soñar en un mejor país con empleo, salud, educación y mejor nivel de vida. 

Desde siempre los países democráticos se han preocupado por lograr elecciones más justas y eficientes. El año 1982 se inventó la máquina de votación de palanca mecánica y su creador, Jacob Myers, aseveró que esta “protegería mecánicamente al elector, de trampas, y permitiría que el voto fuese puro, simple y secreto”. En el siglo XX, la máquina de palanca mecánica fue reemplazada por el sistema de votación con tarjetas perforadas, que constituyeron las primeras máquinas de votación electrónica y lectores ópticos. Hoy, con la tecnología, se tienen sistemas de votación con escaneo óptico (OMR), sistemas de votación por internet (IVS) que facilitan el voto desde cualquier lugar, etc. No obstante y pese al desarrollo de esta tecnología electoral, la mayoría de países en el mundo todavía prefiere el conteo manual de boletas electorales.

En Latinoamérica el reto de fortalecer la democracia pasa por la integridad electoral que depende de muchos factores que resultan esenciales, según la Comisión Global: “Para que las elecciones gocen de integridad se deben celebrar de manera competente, profesional, transparente y apartidista, y lo que es igualmente importante, los votantes deben confiar en la forma cómo se llevan a cabo”.

Con estos antecedentes y recomendaciones de organismos internacionales no se justifica que en Bolivia, en pleno siglo XXI,  todavía nuestro voto sea confiado al conteo manual de las boletas y urnas electorales para desarrollar las elecciones presidenciales. Es necesario que se digitalice nuestros sistema electoral y evitar cualquier indicio de fraude o negligencia. Por eso, a fin de preservar la confianza, nuestras instituciones deberían pensar en  implementar, cuidadosamente nuevos sistemas de votación, que respondan a las mejores prácticas internacionales y bajo lineamientos que respondan a las recomendaciones establecidas por organismos internacionales que velan por la democracia y elecciones transparentes. Por ejemplo, la Fundación Internacional de Sistemas Electorales (IFES) y el Instituto Democrático Nacional (NDI) ofrecen una hoja de ruta para introducir nuevos sistemas electorales: análisis de  barreras legales a la tecnología electoral; análisis del impacto costo/beneficio de nuevos sistemas de votación; importancia de un proceso de adquisiciones competitivo; inclusión permanente de las partes involucradas en las elecciones, al seleccionar los sistemas de votación; auditoría independiente y prueba de los programas para sistemas de votación y necesidad de que los sistemas de votación sean exactos y seguros frente a ataques cibernéticos.

Podemos concluir que la tecnología electoral hoy nos ofrece la oportunidad de tener un sistema que nos devuelva la confianza, evitando enfrentamientos y asegurando 100% de  precisión en el conteo de votos y eliminando los errores humanos, además ampliando, como nunca antes, la participación de más personas en el proceso electoral. Pero la tecnología, por sí misma, no garantiza un proceso electoral integro, se requiere de políticas e instituciones que sean también creíbles y que hoy están cuestionadas, que deberían respetar los principios de la democracia electoral, la conducta ética, el profesionalismo y precisión, la vigilancia y cumplimiento de la normativa, la transparencia y redición de cuentas, entre otros.

La falta de tecnología e instituciones electorales creíbles, en nuestro país, han despertado al gigante dormido: la juventud boliviana, que ahora quiere ser protagonista de estas transformaciones en el país y que seguirán en la calles cantando sin desmayo hasta que respeten su voto: ¿Quién se cansa? !Nadie se cansa! ¿Quién se rinde? !Nadie se rinde! ¿Evo de nuevo?...