Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 15 de junio de 2021
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Vuelve la temporada de zopilotes

Vuelve la temporada de zopilotes

Después de casi 11 meses de ausencia de las trapacerías masistas y, luego de una gestión bastante mediocre del gobierno de transición, un domingo de octubre los bolivianos – no todos, pero sí una mayoría - decidieron abrir de nuevo las puertas y ventanas para que los zopilotes, refugiados, escondidos, protegidos, auto exiliados e, incluso, aquellos ya desplumados en la sombra, sacudan sus plumas para alzar de nuevo un vuelo amenazante sobre las cabezas de todos.

Se los puede ver, ya cerca, oscureciendo el cielo. Pero no planean sobre ovejas. Lo hacen sobre una sociedad que sufre de muchas miserias. De muchísima aquiescencia con el desalmado. Somos una democracia, sin demócratas. Somos una sociedad debilitada. Somos una sociedad hipócrita, racista y discriminadora. Somos una sociedad que no se cansa de defender los latrocinios de los políticos y el desbordante zoqueterismo público. Somos una sociedad de brechas. De caudillos de plaza. De líderes de barro.

Mucha tinta correrá para explicar lo que pasó en las elecciones del pasado domingo 20 de octubre. Pero me temo, casi con plena certidumbre, que pasarán a la historia, muy probablemente, como las últimas elecciones realizadas en una democracia plena y, por lo menos, con algunas certezas de transparencia y respeto al voto.

No creo en la palabra de los masistas. No creo en sus promesas. En su retórica de unidad y convivencia pacífica. No creo en su capacidad de dialogar. No creo en su pacifismo burdo. No creo en sus rostros, en sus miradas, en sus sombreros o vestimentas forzadas. Todo es un teatro. Una tramoya. Una mentira. Ya los conocemos. Sabemos de sus prontuarios. De su profundo sentimiento acrático.

Lo que sí creo, es que su futuro periodo constitucional, y los que vendrán amañados, deberá enfrentar todos los vendavales que sembró durante 14 años: derrumbamiento de toda credibilidad de las instituciones públicas, la crisis de una nacionalización torpemente ejecutada, la quiebra de todas sus empresas públicas, el cobro de uno y mil bonos insostenibles y la constante demanda de sus insaciables movimientos sociales por tierras, por plantaciones de coca, por el no pago de impuestos, por el aliento putrefacto de la discriminación y racismo de sus grupos de choque y por el descarado narcotráfico del Chapare.

Lo que sí creo es que veremos el retorno de gente despreciable, cínica, pedófila de una gavilla, cuyas alas negras serán pavoneadas junto al nuevo títere de turno, a quien proteger, por supuesto.

Veremos a los Maduro, a las Kirchner, a los Castro, a los Ortega, a los iraníes, a los rusos del mafioso Putin, los Iglesias de España y a todos los zombies del Foro de Sao Paolo, juntos en la toma de posesión de poder. Será una cita inolvidable. Una foto mundial. Digna de olvidar.

Las primeras señales de esta descomposición social, que comenzó con la caída del tirano, serán cuando el futuro Gobierno decida qué hacer con el Órgano Electoral para enfrentar las elecciones subnacionales. Esa será la primera señal. Si los destituye, la conjura se habrá cumplido. Ya no servirá de nada votar. Vendrán los observadores de Unasur, muerta y resucitada a la fuerza, para controlar el voto aleccionado y turbio.

Las otras señales serán la conformación de las milicias. Fuerzas paralelas a la Policía y al Ejército. Ya vimos fotografías de los ponchos rojos subidos en motocicletas en el altiplano. A los grupos armados de choque, por todos conocidos. Están ahí. Solo esperan la venia del dictadorzuelo argentinizado, para luego acallar a la prensa y la libertad de expresión.

El pueblo ha hablado. El pueblo a sellado su suerte. La pandemia, los candidatos mediocres y el pobre gobierno de transición deberán explicar mucho y dar la cara. La historia ya los tildó.

JAVIER MEDRANO

Comunicador y experto en Gestión Estratégica

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