Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 05 de marzo de 2021
  • Actualizado 03:11

La mentira... la maldita mentira

La mentira... la maldita mentira

Un rasgo propio del populismo –de la ultraderecha y de las izquierdas – es su capacidad para construir escenarios distorsionados, persuadir con hechos históricos erróneos y hacer de la mentira una poderosa herramienta de adoctrinamiento social y lavado de cerebros.

La desinformación es una estrategia ampliamente dominada por los sistemas comunistas rusos (ex URSS) y ahora cubanos y venezolanos, cuyos principales efectos negativos son los resquebrajamientos de las instituciones y, obviamente, empujar al ocaso a las democracias y vulnerar las libertades civiles y los derechos humanos.

Fiódor Dostoyevsky -creador de obras literarias como Crimen y Castigo y El Idiota – sostenía que los rusos han soportado todas las penurias pensables e impensables durante generaciones y que, a causa de los regímenes totalitarios comunistas, la sociedad rusa jamás conoció o conocerá la belleza de la libertad.

Sin irnos tan atrás en la historia, encontramos los mismos fenómenos con Trump y su permanente mentira sobre un supuesto robo de la presidencia por causa de unas elecciones fraudulentas (nunca hubo ni una sola prueba de fraude), lo que le permitió fabricar una realidad alternativa donde sus seguidores habitan en una construcción ficticia, casi de una manera obtusa.

Otro rasgo fundamental de estos líderes populistas es su fuerte carácter victimista. Siempre existe una excusa para justificar sus actos, sus mentiras, sus postureos políticos. Ellos se muestran como los grandes redentores de sus sociedades frente a las ofensas o abusos, muchas veces inventados o exagerados por ellos y por sus gavillas.

De hecho, Rusia y China (junto a sus satélites cubanos, venezolanos) se muestran muy activas promoviendo la causa del autoritarismo en todo el mundo, promoviendo partidos de extrema derecha e izquierda para desestabilizar sistemas democráticos.

Frente a esta agresión plagada de mentiras y bulos, la Unión Europea ha encontrado dos frentes para frenar esta arremetida: uno es el departamento antibulos que depende del alto comisionado de Relaciones Exteriores y Seguridad; y otro, más espontáneo pero crucial, el denominado The Rule of Law (El Poder de la Ley) que establece que el parlamento europeo ha determinado que defender los principios democráticos es una condición indispensable en estos tiempos de populismos y totalitarismos.

En nuestro país, la política debería armar narrativas honestas, genuinas y propositivas que le permitan al ciudadano defenderse de esos ataques mentirosos y truculentos que conlleva la desinformación. Pero esto jamás sucederá, por el simple hecho de que nuestros políticos domésticos son tribales, mediocres y con una profunda carencia moral y de decencia y dignidad.

 

OJO EN TINTA

 

JAVIER MEDRANO

Comunicador y experto en Gestión Estratégica

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