Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 03 de diciembre de 2020
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¿Por qué fracasan los países?

¿Por qué fracasan los países?

Sin duda que los factores son innumerables. Pero se pueden acotar, por lo menos a manera de síntesis, en ciertos elementos críticos que permitan un cabal entendimiento del por qué los países fracasan en su intento de fortalecer sus cimientos democráticos, reducir la corrupción, contar con instituciones sólidas e independientes, constituir una sociedad abierta a la discusión política sin que se caiga en calificaciones vampirizadas de “enemigos” antojadizos, basados en una judicialización de la política minando las fundaciones de Estado de derecho.

Los académicos Daron Acemolgu y James Robinson trabajaron a dos manos un libro muy revelador sobre esta gran pregunta y compleja al mismo tiempo: ¿Por qué fracasan los países? Y los conceptos que proponen giran entorno a la idea de que los países escapan de la pobreza y de la crisis social, cuando las naciones desarrollan un sistema político abierto y plural, con una marcada competencia de los profesionales para ocupar cargos públicos clave, cuando desechan de cuajo el cuoteo o coptamiento de las instituciones llamadas a fortalecer la economía, con el enorme riesgo que estas caigan en manos de incompetentes o burócratas paridos por una zoquetería partidaria.

Otro hallazgo vital es la defensa de instituciones políticas con voluntad integradora que apoyen a instituciones económicas con carácter inclusivo, con miras a lograr una prosperidad sostenida para así evitar caer en regímenes nefastos que crean espirales viciosas y endémicas, corruptas y con visiones sectarias.

Los autores ahondan en su análisis y son durísimos al sostener que el futuro de un país no depende de su situación geográfica o de su legado cultural o peor aún de su fe – indistintamente la religión que se profese -, sino de la gestión de competencias debidamente fiscalizadas, junto con una marcada capacidad de adaptación a los cambios tecnológicos, fortaleciendo el progreso social.

Otro factor muy preocupante es la ideologización de la sociedad, la misma que genera una crisis en el propio tejido de la construcción de confianza entre cada uno de los ciudadanos. De acuerdo con los estudios de comportamientos sociales, cada vez es más notorio que las personas construyen su vida social en función de criterios político-partidarios o ideológicos – viscerales -, que provoca que las persona dejen de hablar a sus amigos cercanos, vecinos e incluso familiares.

Los estudios también señalan que las personas, cada vez con más agresividad, evitan ciertos lugares o reuniones sociales donde la gente estaría en desacuerdo con sus posturas, filtran noticias y a medios de comunicación que califican como contrarios y eliminan de sus redes a todos quienes son considerados una amenaza o califican de “equivocados” en sus fijaciones políticas. La polarización es compleja y está siendo muy perniciosa para la salud de las democracias, en especial en los jóvenes quienes forman sus propias zaragallas.

Ejemplos sobran: Chile y su plebiscito forzado desde las calles, España enfrentada con el independentismo de Cataluña, Venezuela y su régimen narco corrupto, Nicaragua doblegada por un matrimonio Ortega corrupto, Cuba y su dictadura gerontocrática de los Castro, Trump y sus falsas acusaciones de fraude electoral.

Hay una severa descomposición social y un elevado índice de estigmatización e irracionalidad, con instituciones decadentes y gobernantes zafios. Así que amable lector, cuando usted sea más participativo, tolerante, honesto en sus ideas, ya estaremos partiendo de un buen comienzo.

OJO EN TINTA

JAVIER MEDRANO

Comunicador y experto en Gestión Estratégica

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