Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 15 de junio de 2021
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¿Es posible la política, sin políticos?

¿Es posible la política, sin políticos?

La respuesta es compleja y más en estos tiempos, donde el ciudadano percibe que su voto no vale. Que su participación en las elecciones no tiene sentido. Que no tiene una opción valiosa para elegir. Que debe votar por el menos peor. Por el más “potable” de los candidatos. Pero no por la mejor opción. Por alguien que realmente lo represente y que le dé un mínimo, por lo menos, de certidumbre, de un futuro plausible, de una estabilidad, de un crecimiento y bienestar social posibles.

Y lo más peligroso es constatar que para una gran mayoría de la gente, este rebajamiento de la democracia es casi imperceptible. La población no cae de manera inmediata, en el hecho de que le están robando sus derechos a manos de un autócrata que llegó al poder mediante el voto popular. No basta el temor o la indignación. Debemos entender que los políticos no suelen revelar la magnitud de su autoritarismo antes de encumbrarse en el poder. 

En Latinoamérica, de acuerdo a un estudio, de los 15 presidentes electos entre 1990 y 2012, más de seis eran populistas (Alberto Fujimori, Hugo Chávez, Evo Morales, Lucio Gutiérrez, Daniel Ortega, Néstor Kischner y Rafael Correa, entre otros) y todos terminaron debilitando las instituciones democráticas. ¡Y todos, llegaron por el voto popular! No hay peor víctima, que el cómplice del victimario. El retroceso, precisamente, comienza, en las propias urnas. Ahí radicaría el pecado original.

¿Acaso no son los propios partidos políticos los llamados a evitar la “normalización” o respetabilidad pública a personajes autoritarios? ¿Acaso los partidos llamados democráticos no deberían conformar un frente común para derrotarlos? Al parecer, no saben cómo. Al parecer, no están preparados. Al parecer, no les importa. Entonces, una vez más, el ciudadano se ve huérfano e indefenso y debe optar por el menos corrupto, por el menos malo, por el menos antidemocrático, por el menos mentiroso. Nunca por el mejor. ¡Nunca!  

Entonces, amable lector, a la pregunta la respuesta. No es posible, mientras sigamos en un sistema representativo, pero también, sí es posible hacer política sin políticos al involucrarnos en el debate público. Fiscalizar. Elevar nuestro sentido de criticidad social, de rechazo público a los autoritarios y corruptos. Fortalecer nuestras plataformas ciudadanas y velar todos los días por nuestra democracia. 

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