Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de junio de 2021
  • Actualizado 13:26

Chinofobia: ¿Un racismo histórico agravado por la pandemia?

Chinofobia: ¿Un racismo histórico agravado por la pandemia?

Varios estudios, especialmente, Pew Research Center, considerado uno de los think tanks (laboratorio de ideas) con mayor prestigio en el mundo, confirma que la percepción negativa hacia China alcanza máximos históricos como consecuencia de la pandemia, por el hecho de que la misma se habría originado en la ciudad de Wuhan,  a causa de la costumbre cultural de ese país de comer indiscriminadamente animales exóticos - en los distintos mercados masivos de comida -, provocando una zoonosis.
Las sospechas se dispararon luego de un tiroteo mortal de seis mujeres asiáticas y otras dos personas en una zona urbana de Atlanta, Estados Unidos, el pasado 16 de marzo. Este hecho racista en extremo, refrenda datos alarmantes: el 81% de los adultos asiáticos afirman que la violencia contra ellos está aumentando y un 32% asegura tener miedo de usar el transporte público o transitar por las calles, por el riesgo de ser insultados o agredidos físicamente.
En España, de acuerdo a otros estudios, se constata que dos de cada tres ciudadanos ibéricos reconocen una marcada animadversión hacia los ciudadanos asiáticos. Hace 20 años era solo uno de cada cinco.
Si a este escenario, le sumamos que todos los países del mundo, por culpa de la pandemia, se vieron en una marcada indefensión por depender de China para obtener todos los insumos médicos (mascarillas, gafas, respiradores, jeringas y una lista inmensa), el odio al país asiático, se disparó. El rencor es mayor cuando China empezó a librarse más rápido del COVID-19, frente a una mayoría de los países que aún siguen golpeados por sucesivas olas de contagios y ven cómo su economía también desfallece o de plano muere inevitablemente, frente al desmesurado crecimiento chino.
La pandemia, por tanto, ha sido solo un paso más en el inventario de antipatía china, como antes lo fue con la piratería de casi todos los productos imaginables, el inicio de ciberataques y una dura guerra comercial auspiciada por los chinos; sin olvidar su agresiva acción geopolítica con el Tíbet, Taiwán, Hong Kong y en el Mar de China.
Todo este clima enrarecido se hizo insostenible, además, debido a las intervenciones de algunos políticos, que usaron como bandera discursiva el virus made in China para evadir responsabilidades políticas. El más notorio fue, sin duda, Donald Trump, quien, en su último año de presidencia, no paraba de cargar en sus discursos frases como “virus chino”, “kung-flu”, convirtiéndose en todo un ocote asiático.
Y para coronar la torta, China se está encapsulando y endureciendo sus políticas para anular la libertad de información, de expresión, ha expulsado a una docena de corresponsales de prensa internacionales y el Partido Comunista Chino mantiene una mano dura que incluso fomenta los llamados campos de reeducación, que no son más que campos de adoctrinamiento.
No olvidemos que no existe ningún país en el mundo que no dependa de alguna manera (comercial, logística, de productos o de lo que fuere) de China. Y eso  ha decantado no solo en un poderío económico y geopolítico, sino en una arrogancia y prepotencia sin miramientos. Todas estas señales, lamentablemente, refuerzan una imagen demonizada.

OJO EN TINTA

JAVIER MEDRANO

Comunicador y experto en Gestión Estratégica
[email protected]

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