Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 07 de mayo de 2021
  • Actualizado 18:11

Yo te arresto, tú me arrestas...

Yo te arresto, tú me arrestas...

Hace 27 años, en Ruanda - continente de África –, en tan solo cien días se desolló a casi el 11% de la población de ese país. Fue uno de los genocidios étnicos que remecieron al mundo entero y enmudecidos todos presenciamos la historia de extrema violencia entre las etnias de los hutus y los tutsis.  Machete en mano, picota en ristre y blandiendo cuchillos de todo filo, se degolló, mutiló y asesinó a mujeres embarazadas, niños, ancianos, mujeres y hombres. Nadie se libró. Fue un exterminio racial sin precedentes por su rapidez y salvajismo sin límite alguno.

Era el año 1994. Miembros de la etnia minoritaria tutsi fueron víctimas de asesinatos de forma planificada, sistemática y metódica, de la mano de sectores radicales de la etnia mayoritaria hutu. El horror comenzó tras una acumulación de inequidades sociales, de corrupción política y reiteradas políticas raciales discriminatorias. A los tutsis, que apenas conformaban el 14% de la población, les otorgaron mejores empleos, por considerar que eran “más parecidos a los europeos”; mientras que los hutus fueron relegados a tareas menos cotizadas. 

La mecha de la tragedia se prendió con el asesinato del presidente ruandés, Juvénal Habyarimana, la noche del 6 de abril de ese fatídico año, cuando su avión que aterrizaba en Kigali, capital de Ruanda, fue impactado por un misil.

Al día siguiente, se produjo el asesinato de la primera ministra, Agathe Uwiligiyimana, y de diez soldados belgas encargados de su protección. A partir de ese 7 de abril se acrecentó la ira de los extremistas hutus, quienes dieron inicio a una campaña de odio sin precedentes, incitando a los hutus con propaganda y desinformación a través de los medios de comunicación a matar, sin tregua, a los tutsis y a todos quienes los protegieran.

Se calcula que un millón de personas fueron asesinadas y al menos 250 mil mujeres fueron violadas. 95 mil niños fueron literalmente degollados y cerca de 400 mil quedaron huérfanos.

El 23 de junio, la Organización de Naciones Unidas activó la denominada "Operación Turquesa", con el objetivo específico de restablecer el orden en el país. Esta responsabilidad fue entregada a Francia, que años después, fue señalada de dar apoyo logístico a los hutus en la masacre y de proteger al gobierno mediante dicha operación.

Finalmente, en Julio de 1994, el Frente Patriótico Ruandés derrotó a las tropas gubernamentales conformadas por extremistas hutus y tomó el control del país dando fin al genocidio. Teniendo como principio la unión antes que la división, se conformó un gobierno de unidad nacional con Pasteur Bizimungo, miembro de la etnia Hutu, como presidente, y Paul Kagame, representante del pueblo tutsi, como vicepresidente.

Esta es una historia que siempre deberíamos tener presente, cuando surgen esas voces imbéciles pidiendo guerra civil o cuando otros descerebrados azuzan un divisionismo racial y fomentan la discriminación étnica y cultural basada en una estupidísima postura política.  Si seguimos en esta lógica perversa, en Bolivia nadie quedará en pie y todos terminaremos encarcelados, perseguidos o, peor aún, asesinados. 

OJO EN TINTA

JAVIER MEDRANO

Comunicador y experto en Gestión Estratégica

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