Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 16 de mayo de 2021
  • Actualizado 08:18

Territorialización del COVID-19, a un año de su presencia

Territorialización del COVID-19, a un año de su presencia

A un año de la conmoción mundial causada por la aparición de un nuevo virus que amenaza la salud con características letales, el SARS-CoV-2, coronavirus, que provoca la enfermedad del COVID-19, agente infeccioso microscópico, invisible y que solo puede ser captado por equipos especiales, se constituye en un agente externo que convive con los habitantes de ámbitos rurales y urbanos, con connotaciones espaciales ya que su presencia no se objetiviza solo en el cuerpo, sino también en los espacios habitables.
Como un actor no humano, va influyendo en el modo de habitar de los seres humanos, que se evidencia en territorio cuando la OMS declara oficialmente que el coronavirus es una pandemia de rápida extensión y masificación en más de 114 países, alertando de su ferocidad y rapidez con resultados adversos y letales para la salud de las personas, indicando que su presencia será habitual, significando con ello que construye y gestiona su propio habitar, condicionando y transformando los espacios que habita y habitamos tanto en los espacios íntimos de una casa como en los espacios públicos.
Ese condicionar, transforma a los espacios con micro y macro ajustes que se proyectan en uso condicionado y restringido, generando fragmentación espacial y cambio de roles, donde lo que se pensó y construyó como concepto para planificación del territorio, ahora dan un giro y la espacialización de actividades es absolutamente diferente.
Hasta fines de 2019, las ciudades eran los grandes espacios protagónicos de los contextos de vida, sociales, económicos, culturales, políticos, etc. Con desbordados consumos en diferentes ámbitos de vivencias, emerge la pandemia y de un día para otro se entra en un confinamiento riguroso, donde la vida en sociedad queda restringida para dar paso a vivencias más íntimas en el espacio privado del hogar, la casa.
En ese contexto de aislamientos obligatorios, iniciales en un primer momento y luego a un uso restringido de lo público, condicionó la experiencia vivencial a diferentes maneras de espacializar actividades en sociedad, volcándolas a espacios virtuales en lo referido al trabajo, al solaz y entretenimiento, a la espiritualidad, etc., y así todo lo externo de pronto se volcó a lo interno, a un mundo contextualizado en el hogar, ensanchado para cobijar estas múltiples actividades.
El hogar, la casa, creció, no en términos físicos y espaciales, se agrandó para cobijar actividades externas, que con características propias se la adecuó para desarrollar internamente actividades que antes eran sociales para proyectarlas ahora en linea, con características diferentes de sociabilización y así metafóricamente el hogar creció y se hizo más robusto, mientras la ciudad se achicó, perdiendo paulatinamente su protagonismo construido en muchos años.
El coronavirus permitió volver a la casa para percatarse que esta no es solo un espacio material de vivienda, sino mas bien de un territorio donde las experiencias externas ahora se internalizan, haciendo que lo que antes de la pandemia vayan en caminos separados ahora se encaminen en un mismo rumbo, porque una cosa era la vivencia en el hogar y otra en la vida en sociedad, mientras ahora ambas se las realizan juntas, entre otras nos reencontramos con la casa, construyéndola de muchas maneras y, por tanto, territorializando internamente muchos comportamientos externos.
El coronavirus terminó por modificar las experiencias de los territorios, motivando a redefinir escalas de acción de actividades humanas, representándolas ahora de diferente manera, donde comportamientos en micro y macro escalas ahora son repensados y redefinidos.
Surgen algunos elementos de juicio para la reflexión; ¿el coronavirus se constituye en un actor social…?, ¿las características multiescalares de su presencia afecta contextos sociales, económicos, ambientales, etc…?. Si afectara múltiples dimensiones, entonces sería posible ser visto desde múltiples disciplinas, haciendo que la analogía con un ser humano resulte interesante de analizar por las implicaciones multidimensionales que supone su presencia.
Mirar al coronavirus como un componente del territorio, resulta un insumo fundamental, porque no estaría pensada solo como estudiar a la patología del COVID-19, sino mas bien como un componente vivencial en paralelo con muchos actores afectados que cohabitan en un territorio, antes macro y ahora micro por todo lo expuesto.

CULTURA, ZOOCIUDAD Y TERRITORIO


JAIME ALZÉRRECA P.

Docente e investigador IIACH- UMSS
[email protected]

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