Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 26 de junio de 2022
  • Actualizado 21:11

Reflexiones ante una nueva normalidad

Reflexiones ante una nueva normalidad

En las últimas semanas parece que el COVID-19 otorgó un respiro a una población que paulatinamente se va alejando de los cuidados necesarios en el marco de la bioseguridad, corresponde reflexionar sobre lo que significó hasta ahora la pandemia y cómo afectó en la vida de los habitantes tanto urbanos como rurales.

Partiendo de que el diario vivir estará por mucho tiempo sujeto a restricciones por parte de las autoridades que dispongan relajar o ajustar las normas en función de reportes epidemiológicos circunstanciales, se marca nomás una territorialización de muchas actividades en el hogar, espacio más seguro para un ser humano, donde el estudiar, trabajar, divertirse, entre otras, sean nuevamente una constante de un día para otro, pero si existe flexibilización de las restricciones, el uso de barbijos, distanciamiento social y profusos chorros de alcohol, seguirán siendo una constante.

La pandemia, ayudó a humanizar comportamientos, donde a partir de las necesidades se acrecentó la solidaridad con entornos más cercanos, ofertando y recibiendo muestras de afecto, así como de insumos de sobrevivencia ante una marcada crisis en todos los sentidos. Convivimos con la muerte de muy cerca, viviendo unidos el dolor, pero no físicamente sino virtualmente, no pudiendo estar cerca por obvios motivos con los dolientes familiares o amigos que sopesaban momentos muy duros.

Aprendimos a ser mas ahorrativos y a administrar mejor los recursos, previendo posibles ausencias familiares, limitaciones económicas, crisis existenciales, etc. Donde la población más joven, se enfrentaba ante posibles perdidas de los proveedores del hogar, ya sea por muerte o desempleo o al final liquidaciones de negocios.

Se descubrió capacidades inimaginables de resiliencia, mucho más fuertes y estables a partir del embate de todas las olas que llegaron a nuestras vidas, recordando que la primera ola llegaba con muerte, misterio y mucha incertidumbre, no se contaba con los insumos adecuados para hacerle frente y donde primaba más el instinto de conservación, la unión familiar y la solidaridad en un entorno de fe, mentalizando nuestras vivencias de que todo esto tiene que pasar, y pasó, ahora nos sobreponemos ante una fuerte crisis, permitiéndonos asistencias masivas a eventos públicos y que ojalá no traigan consecuencias exponenciales, cuesta creer que podamos volver a vivir lo que ya pasó y en este marco reflexionar sobre lo que estamos viviendo debe generar tanto en autoridades como en la población, acciones de responsabilidad principalmente para el uso del espacio público, con constantes campañas de persuasión para prevención de lo que no queremos que nuevamente suceda, quedando la enseñanza recibida y que lamentablemente muchas personas no la pudieron asimilar.

CULTURA, ZOOCIUDAD Y TERRITORIO

Jaime Alzérreca Pérez

Docente e investigador IIACH- UMSS

[email protected]

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