Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 03 de diciembre de 2020
  • Actualizado 18:20

Imaginarios y confinamiento

Imaginarios y confinamiento

Con más frecuencia se van cerrando los bares y restaurantes, donde se pierden para siempre instantes de socialización inscritos en la memoria colectiva y que forman parte de la construcción simbólica en la vivencia de los ciudadanos. En un bar o restaurante, se cerraron y abrieron relaciones, negocios, se socializó con entornos cercanos, anhelos o aspiraciones; en un bar, de manera solitaria o en grupo, un individuo se sentó en una barra o en una mesa para interactuar en un espacio social que humanizó nuestra vida; en un bar o restaurante éramos felices, siempre cultivando la inteligencia emocional individual o colectiva a partir de la motivación de vida en sociedad.  En paralelo a esta visión del pasado, los espacios de promoción cultural y de proyección a otras sociedades se vieron afectados por el detrimento de la actividad turística, con todos los problemas a colación que esto supone en la economía de una región. A partir de esta reflexión, y considerando que el problema será por muy largo tiempo, por qué no pensar en resignificar estos espacios de la mano con las recomendaciones de salubridad respectiva, donde el único hecho para bajar el riesgo a un espacio y catalogarlo como bajo es que sea abierto. 

En Cochabamba, tierra benigna en clima y tradiciones gastronómicas, especialmente que le otorgaron un sello en el imaginario no solo nacional sino global, las quintas y las campiñas tradicionalmente encontraron una sinergia interesante, donde la vida y sociabilización al aire libre eran una constante, lugares que hasta ahora se mantienen presentes en lugares inscritos como simbólicos para la región, tal es el caso de la chicharronería Doña Pola o el restaurante Viva Vinto, lugares no precisamente con una infraestructura cerrada sino más bien abierta en esencia, o el caso del restaurante  Casa de Campo, que presenta una infraestructura mixta y no absolutamente cerrada. 

Imaginar integrar los corredores espaciales públicos peatonales y ciclistas a estos espacios, podrían sugerir espacios de bajo riesgo, naturalmente a ser usados bajo los preceptos de bioseguridad que garanticen no contagiarse y promocionen confianza al usuario. En paralelo a esta reflexión, se empiezan a gestar emprendimientos de equipamientos de cine al aire libre, en auto cines, basados en la premisa de actividades de recreación externas, que antes concentraban masiva cantidad de personas en espacios absolutamente cerrados y que ahora resignifican este concepto con el cine, pero en ambientes abiertos. Quizás los bares y restaurantes tendrían que pasar por el mismo filtro de análisis para su consolidación.

 

 

CULTURA, ZOOCIUDAD Y TERRITORIO

JAIME ALZÉRRECA  P.

Docente FACH/ UMSS

@Jaime_Alzerreca