Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 27 de febrero de 2021
  • Actualizado 02:57

Espacio público, Navidad y postconfinamiento

Espacio público, Navidad y postconfinamiento

La época del postconfinamiento a causa de la pandemia se caracteriza porque las ciudades salen paulatinamente del encierro impuesto y de manera gradual reinician sus actividades apoyadas por políticas públicas que impulsan la recuperación económica, en paralelo con precauciones apropiadas respecto a la salud en comunidad. La economía informal, actividad que no está protegida y regulada, se ve incrementada por la carencia de empleos formales a causa de la pandemia y cada vez es mayor su presencia en las calles y espacios públicos urbanos. Según la Internatinal Labour Organization ILO, aproximadamente un 60% de la población genera ingresos a nivel mundial a través de la economía informal.

La tendencia de la formalidad es hacer ver a los ambulantes como estorbo y riesgo para la salud pública, tratando de expulsarlos o moverlos a zonas marginales, donde los comerciantes formales los ven como una competencia desleal y la gente pudiente los ve con desdén por considerar que su presencia genera inseguridad e insalubridad; pero se observa que esta manifestación no tiene buen final porque literalmente los comerciantes callejeros se apoderaron de la ciudad en este fin de año. Sin embargo, en épocas del postconfinamiento, muchas países paulatinamente van adoptando al comercio callejero como una estrategia de reducción de la pobreza y la informalidad de alguna manera se va regulando con apoyo de programas que apoyan el ingreso

En Cochabamba se observa en la época de Navidad un incremento marcado en comercio informal callejero, donde comerciantes ambulantes se apropian de espacios públicos urbanos como El Prado, la plaza Colón y 14 de Septiembre, y eventualmente las calles y avenidas del centro urbano conformadas por los distritos 10, 11 y 12; si bien las zonas mencionadas generan un movimiento económico importante que ayuda a generar cierta estabilidad para los comerciantes que lo practican, se observa una ausencia de orden y prevención en cuanto a medidas de bioseguridad que pueden convertirse en un foco de infección notable si no se toma los recaudos necesarios.

A esta reflexión se suma los beneficios de la venta callejera por causa del COVID-19, en sentido de que primero y de manera fundamental puede mitigar el daño económico causado por la pandemia .

Como segundo beneficio, puede configurarse el comercio callejero para diseñar áreas con la debida distancia social, de manera mucho más pertinente que en espacios cerrados como los centros comerciales. Un tercer beneficio es que se desarrollan en espacios abiertos y, por supuesto, no contaminados. En muchas ciudades del primer mundo jamás desapareció por completo la venta callejera, donde los mercados de pulgas muy tradicionales generan actividad en paralelo con negocios de venta de comida callera como los “food trucks”, actividades que en Cochabamba ya tienen una marcada presencia, especialmente en los distritos del norte y oeste de la ciudad, que según la estadística muchas ciudades en el mundo promueven la venta callejera, aumentando permisos y licencias por considerarlos un atractivo turístico.

Paralelamente a estos beneficios, la venta callejera ofrece otros, tal es el caso de que promueve presencia de personas en el espacio público, aumentando así la seguridad ciudadana, ya que espacios deshabitados son por supuesto menos seguros. La venta callejera permite generar sinergias entre diversos grupos sociales y con diversa característica socioeconómica, haciendo que la ciudad sea más justa y equitativa, además, se constituye en un trabajo de bajo costo, sirve como vital escalera a lograr el éxito de algunos emprendimientos exitosos que comenzaron de ambulantes y actualmente poseen compañías con un marcado éxito, tal es el caso de pollos Panchita.

El surgimiento de la pandemia obliga a repensar cómo vivir las ciudades, dando la oportunidad de reimaginar una ciudad post-pandemia, más viva, más interesante y, por supuesto, más equitativa, que promueva el transporte limpio con las ciclovías y sea propicia para descontaminar el ambiente a causa del transporte automotor. Las políticas públicas en Cochabamba deberían alentar el comercio callejero por los motivos expuestos, pero también generar planes y proyectos que organicen las vivencias urbanas, permitiendo mover el aparato económico sin descuidar a la salud, ya que persiste la amenaza constante de un rebrote.

CULTURA, ZOOCIUDAD Y TERRITORIO

JAIME ALZÉRRECA P.

Docente e investigador IIACH- UMSS

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