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  • Diario Digital | sábado, 03 de diciembre de 2022
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Identidad docente del siglo XXI

Identidad docente del siglo XXI

Una migración que deje huella en el mundo digital del docente, implica generar una identidad digital para ser más accesible y abierto a la cultura global, sobre todo cuando están en sus manos, futuros profesionales a quienes la sociedad les exigirá capacidades digitales desarrolladas.

Muchos docentes se sienten en medio de la brecha digital y generacional, aunque digitalizarse es una condición de actitud más que de edad para adaptarse a los cambios. Implica la “presencia” en el entorno del alumnado hiperconectado, conocer su mundo, costumbres y maneras de comunicarse en la actualidad.

También implican “permanencia”, proactividad y mutación digital de sus procesos de enseñanza aprendizaje, compartir y generar conocimiento que promueva inteligencia colectiva, dejando de lado paradigmas educativos “obsoletos” para la actualidad.

Mutar hacia lo digital, no solo es saber usar herramientas y recursos digitales, sino un cambio en los procesos y el rol de experto a mentor, a guía y acompañante que genera interés en los estudiantes según su necesidad y promoviendo su capacidad crítica.

Tomando como referencia la Taxonomía de Bloom, los conceptos básicos del proceso cognitivo del aprender son en algún sentido proporcionados por las TIC y ya no por un profesor sabio ni unas clases magistrales; sin embargo, los niveles de complejidad del aprendizaje como el análisis, la capacidad de síntesis de conocimientos y la innovación no pueden ser sustituidos por la máquina, sino que están inmersos en la capacidad de asombrarse y la voluntad de aprender de los seres humanos.

Las redes e Internet son para los jóvenes, espacios de socialización, encuentro, intercambio y almacenes de conocimiento que se actualiza constantemente, al punto que los propios jóvenes se sienten incompletos o fuera de lugar, si no están conectados a estos espacios y no saber gestionarlos implica para ellos “quedarse fuera”.

La transformación para los docentes en este contexto, debe estar en la dinámica educativa que requiere una predisposición para llegar en cualquier momento al estudiante; además de la capacidad para diferenciarse y aportar valor añadido que lo convierta en un ser social digital; enfrentando el miedo a la conectividad, que más bien es traducido a la falta de conocimiento sobre uso de las TIC.

El perfil digital del docente del siglo XXI es su marca personal. En la academia comienza a importar tanto la huella digital, como el currículo y la trayectoria. La huella digital desde la presencia y permanencia del docente en las redes e Internet, muestran la evolución de sus capacidades digitales y evitan que eventualmente se extinga.

CONSTRUIR COMUNIDAD

Ivonne Rojas Cáceres

Asistente de Coordinación de Investigación de sede Cochabamba UCB

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