Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 21 de septiembre de 2020
  • Actualizado 21:38

Sustentabilidad y confianza social

Sustentabilidad y confianza social

Coloquialmente hablando, en economía la confianza es como el cemento preparado que une los ladrillos de un robusto muro. El bienestar socioeconómico de cualquier sociedad a largo plazo, se construye sustentablemente como una “sucesión de postas” de sus protagonistas, quienes al realizar sus roles asignados como les corresponde, de manera idónea, honesta y como “se esperaba”, contribuyen a la confianza mutua expresada en la autoestima del conglomerado social, porque no se defraudan las interactivas relaciones que se desarrollan entre todos.

Por otro lado, la experiencia de vida enseña de la desigual velocidad entre construir y perder la confianza. La confianza es más laboriosa y lenta de ganarse, contrariamente es rápida y fácil de perderla. 

En este sentido, el tema de la confianza social se torna un asunto de interés y de análisis, para intentar explicar y entender los reiterados fracasos y los parciales resultados exitosos, a los llamados de solidaridad, de cooperación, de comportamientos sociales recomendados, con motivo de la pandemia que se vive en el país y en otros países importantes del mundo.

La confianza social compromete una expectativa sobre los intereses de los otros, de su integridad, de su honestidad y ejercicio de valores morales (políticos), de cómo se comportan desde sus posiciones, de cómo responden a la solución de los problemas comunes, de cómo manejan la carencia de información, etc. Si hubiese niveles aceptables de confianza social, seguramente serían más predecibles las acciones y más reducidos los riesgos por la interacción social y la acción colectiva, favoreciendo y agilizando las soluciones cooperativas, solidarias y, sobre todo, coordinadas, ante los contextos de incertidumbre e información escasa.

Lamentablemente la realidad es otra, en la actualidad prevalece la desconfianza; entre los diferentes actores sociales se resisten a compartir la responsabilidad en soluciones comunes, asumiendo actitudes oportunistas y de aversión al riego, por el alto costo político y personal que implicaría su participación. Situaciones de élites, que redundan en la creciente desconfianza social y en la cada vez menos probable aproximación al desarrollo sustentable. Llama la atención la falta de “grandeza” en los líderes, al preferir que todos pierdan, si ellos no ganan individualmente. Mientras tanto, los demás, bien gracias.  

CIUDAD SUSTENTABLE 

GERMÁN C. TÓRREZ MOLINA

Economista 

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