Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 02 de julio de 2020
  • Actualizado 14:59

Productividad y mala fe

Productividad y mala fe

En estos tiempos de pandemia, estamos siendo impávidos testigos de una diversidad de iniciativas por “producir” lo que las circunstancias aconsejan consumir y de comportamientos lesivos de bastantes “productores” inescrupulosos, en aparentes condiciones de impunidad.

El ejemplo más emblemático es de los barbijos. Hubo días y quizá semanas, en que estas mascarillas no habían, en ninguna parte para comprar ni aceptando pagar por encima de su costo establecido. A tal extremo, que los stocks comprados existentes en el mercado local, fueron en parte “exportados” de emergencia a personas y familiares en el extranjero, a través de las empresas legalmente establecidas para este fin. Sin embargo, ahora la situación es al revés, existe una sobreoferta de barbijos, al cual más efectivo y pintoresco en su diseño.

El problema es que aprovechando la necesidad de la gente y por hacerlo “accesible” en su precio, no siempre cumplen con las especificaciones técnicas de salud. Es lamentable ver, primero, cómo se producen estos barbijos sin tener reparos en engañar a la gente, ofreciéndoles una falsa protección y, segundo, que los controles por las instancias pertinentes sean insuficientes o inexistentes.,

Esta mala fe de “mercaderes” inescrupulosos es extensible a medicamentos y alimentos que se ofertan sin reparos en los mercados, tanto de manera directa como por los medios virtuales o redes sociales. Para citar, los casos más peligrosos en estos días, la oferta de la Ivermectina y del Dióxido de Cloro al margen del control del Servicio Departamental de Salud (SEDES), sin el registro sanitario correspondiente, que garantice su dosificación o concentración recomendada por los profesionales médicos.

Es increíble la “productividad” y campeante mala fe de estas personas o “empresas” al ofrecer una variedad de desinfectantes (gel, lavandina, alcohol, etc.) adulterados. Lo propio se podría afirmar con una serie de productos de “libre consumo” como galletas, golosinas y conservas en general, con fechas de vencimiento caducas, alteradas y con advertencias sobre el riesgo de su consumo como dentífricos, sales antiácidas, analgésicos, toallas húmedas, pañales, hisopos o cotonetes, etcétera, etcétera.

Y como se afirmaba al principio, esta situación acontece en aparentes condiciones de impunidad. Es momento de mayor conciencia y rigidez de control.

 

CIUDAD SUSTENTABLE

GERMÁN TÓRREZ MOLINA
Economista
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