Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 07 de diciembre de 2022
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¿La economía verde?

¿La economía verde?

En Río de Janeiro, en junio de 2012 (conocida como Río + 20), con motivo de celebrar el vigésimo aniversario de la Cumbre de la Tierra llevada a cabo en esa misma ciudad en 1992, reunión que llenó de esperanzas al mundo con la “Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo” con sus 27 principios. Los gobiernos del Norte y las organizaciones internacionales afines a ellos, presentaron la noción de “economía verde” como la panacea hacia el logro del “desarrollo sostenible”. Concepto que sedujo y que continúa seduciendo (más bien, continúa imponiéndose) a propios y extraños de manera ingenua. Porque han pasado otros 20 años y el medio ambiente en el mundo acusa mayores índices de deterioro, sintetizados en los efectos del cambio climático en todas partes del planeta. Las críticas apuntan al carácter nominal y contradictorio del mismo concepto de “desarrollo sostenible”, que desde su publicación en 1987 con el Informe Bruntland, se asume como un concepto referencial “el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”. Criticable, porque sencillamente los intereses económicos del desarrollo y las necesidades de conservación de la naturaleza, no son ni serán compatibles dentro de cualquier modelo económico capitalista convencional, como el de la economía verde.

Para contribuir a la mejor comprensión del resultado catastrófico actual del medio ambiente, a pesar de los empeños en refuncionalizar el modelo económico de mercado, sirve un otro concepto: el de “gatopardismo”, que consiste en “cambiar una parte o cambiar todo para que al final nada cambie”, en el afán de seguir manteniendo las condiciones que posibiliten la continuidad de la rentabilidad de la economía capitalista. 

Lo cierto es que, si no se debaten las consecuencias del consumismo, la obsolescencia programada, el crecimiento sin límites, la polarización social, económica y cognitiva, por ejemplo, el mundo seguirá maquillándose para ocultar su rostro de muerte. Se impone pensar en otras formas de convivir, donde el dinero no sea el único y fin último de nuestra razón de ser. 

Existen otras formas de concebir la vida, esas formas están en las cosmovisiones ancestrales, que el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos las describe muy bien en su obra “Epistemologías del Sur”. Desafío ineludible para que continúe la vida en el planeta.

CIUDAD SUSTENTABLE

GERMÁN TÓRREZ MOLINA

Economista

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