Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 21 de mayo de 2022
  • Actualizado 01:36

Entre alcoholes, barbijos y jabones

Entre alcoholes, barbijos y jabones

Han pasado dos años desde la aparición de la devastadora e impresionante presencia de la COVID-19, que ha destrozado trabajos, familias, hogares, sueños de millones de jóvenes y, lo más importante, se ha llevado la vida de muchos seres queridos. 

Frente a este “enemigo invisible”, el objetivo común de todas las personas es y ha sido protegerse del virus y lo será por mucho tiempo, porque “no hay que bajar la guardia”, ya que todavía el comportamiento de este virus es incierto debido a las escaladas y a las desescaladas o a las distintas olas que se siguen presentando en todo el mundo. En Bolivia, los expertos pronostican que una posible quinta ola ocurrirá a finales del mes de mayo de 2022

¿Qué ocurrió y cuáles han sido las reacciones de nosotros, los humanos, seres tan frágiles y vulnerables a cualquier enfermedad?  Hemos reaccionado de varias maneras y con varios sentimientos, emociones propias de cualquier semejante, con miedo, temor, pánico, angustia. Claro, como era y todavía es una enfermedad nueva, muchos detalles no se conocen. 

Al principio hemos observado reacciones extremas, como, por ejemplo, que personas trataban de protegerse con todo tipo de plásticos pegados a todo el cuerpo, desde los pies hasta la cabeza. Posteriormente se introdujeron los trajes de bioseguridad ,que a los inicios de la pandemia muchas personas los utilizaban y hasta hoy los siguen utilizando. Otros elementos, como las gafas, mascarillas, gorras, etc., se siguen utilizando en busca de mayor protección. Y en el personal de salud, se ha convertido en una rutina utilizar todas las medidas de bioseguridad para evitar el contagio de la COVID-19

Las recomendaciones que más se socializaron en la comunidad en general, una y otra vez hasta nuestros días, son el uso de barbijos de manera sistemática y permanente, la desinfección de las manos utilizando los alcoholes y/o alcohol en gel, como también el uso de todo tipo de jabones en líquido o en barras para el lavado de las manos. Antes de la presencia del coronavirus, el lavado de manos era una acción poco frecuente en muchas personas. Para ilustrar esta frase recurro a una escena de la película “Mi Novia Polly”, en la que el actor principal, Ben Stiller, se niega a tomar unos saladitos en una fiesta, porque asume que las personas entran al baño y no se lavan las manos. Esa es una gran verdad en nuestra cultura y, sobre todo, cuando las personas asisten a eventos sociales como “cumples”, “matriquis” , “prestes”, “misachicos”, “quinces”, etc.,  donde, por lo general, las personas “toman hasta las patas” y, cuando van a los sanitarios a “hacer el uno o el dos”, no se lavan las manos. Con la llegada de este virus, muchos de nosotros prácticamente hemos tenido que hacer un nuevo reaprendizaje para lavarnos las manos de manera frecuente, lo que se constituye en una medida muy acertada para evitar el contagio del coronavirus y de otras enfermedades, sobre todo en la etapa infantil. 

Si la obsesión, que es considerada un trastorno obsesivo-compulsivo, una conducta repetida, por la contaminación y compulsión por la limpieza, consiste en hacer que la persona se enfrente a situaciones en las que cree que va a contaminarse, en el caso del contagio del coronavirus, millones de personas han dedicado cierto tiempo precisamente en realizar una serie de acciones para evitar la contaminación y el contagio de la COVID-19. Este trastorno podría entrar en tela de juicio, ya que, con el fin de velar por nuestras vidas, muchos de nosotros precisamente hemos tenido y seguimos teniendo estas conductas de repetición.

Es cierto que también la COVID nos trajo varias lecciones y una de ellas es ser mejores personas, pero alguien lo decía: “Ni con la presencia del coronavirus vamos a cambiar”. Estamos igual o peor que antes en el respeto a los valores, principios, normas, leyes, en las relaciones interpersonales, en el cuidado del medio ambiente. Hemos retrocedido varios años, sobre todo con el uso de los plásticos, que lo usamos como “pan caliente”. Otro elemento es el desechado de los barbijos, los mismos que vemos tirados en todo lugar, y nadie orienta, nadie educa en el tratamiento que se debe dar. 

Frente a este panorama incierto por las posibles escaladas del virus que podrían ocurrir a futuro, lo que nos queda es seguir cuidándonos respetando las medidas de bioseguridad, como evitar las aglomeraciones innecesarias y, sobre todo, cumplir con la tríada de alcoholes, barbijos y jabones.

Gárgaras de Sal  

Freddy Ricardo Zambrana H.

Psicólogo

[email protected]

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