Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 26 de noviembre de 2022
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Urbanidad ancestral, filosofía de vida a seguir

Urbanidad ancestral, filosofía de vida a seguir

Somos honestos al admitir que urbanidad, como concepto y teoría, la asimilábamos como algo parecido al urbanismo dentro del área de la arquitectura. Fue una sorpresa conocer que la misma va más allá de esta ciencia, para algunos disciplina o técnica en particular; tiene que ver de manera holística cómo el ser humano actúa y se comporta en un determinado espacio geográfico, donde prevalece la ética, los valores, el buen comportamiento, la cortesía y los buenos modales, tan venido a menos hoy en día. Aquella palabra mágica denominada urbanidad nos enseña a comportarnos de manera correcta y en comunión con el otro y el entorno.

Es precisamente lo que hacían nuestros abuelos antes de la invasión europea. Entender esto es de suma trascendencia cuando en estos tiempos de profunda crisis de valores morales y éticos en todas las sociedades, saber que: “Las culturas antiguas creyeron durante muchos años que los seres humanos estaban conectados con la naturaleza y el cosmos, asumiendo una visión orgánica y animista de la relación entre los pueblos y el entorno” (Guthrie, 1971). 

La urbanidad ancestral, por lo tanto, se la puede entender como una forma superior de relacionarse unos con otros, en plena comunidad, con principios y valores únicos y plenos. Aquella realidad, entonces, nos obliga a entender que aquel modelo social, político, económico y cultural al que se arribó, puede ser asimilado y contextualizado a las sociedades del presente, con premura y sapiencia; siendo que sin ser un sistema comunista o capitalista, implicaba una filosofía de vida que buscaba el bien común; entendida como un proceso que conducía si bien al bienestar de la comunidad, también al cuidado y respeto al medioambiente, cuando existía una rigurosa planificación del territorio, cuidando las tierras productivas y estableciendo las zonas altas, como espacios para habitar.

El nosotros era incluyente y el yo era secundario, es a través de esta práctica que los habitantes actuaban y pensaban en comunión con el otro y al mismo tiempo con su ambiente, del cual entendían eran solo una parte vital. El concepto de desarrollo era opuesto al modelo occidental, que miraban y utilizaban a la madre tierra como algo mecánico y material de donde solo podían obtener réditos económicos y a cualquier costo.

FORO

FRANZ GUSTAVO MORALES MÉNDEZ

Docente investigador UMSS

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