Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 24 de junio de 2021
  • Actualizado 16:46

Una extraordinaria Navidad

Una extraordinaria Navidad

Hace poco más de dos mil años se vivió un acontecimiento que sacudió todo un imperio: me gustaría decir que fue el nacimiento de un niño a quien le pusieron por nombre Jesús, pero no, este hecho pasó desapercibido para la mayoría de la humanidad y casi me atrevería a decir que, de cierta manera la historia se repite. En ese entonces se trató de un edicto del Emperador romano que obligaba a los ciudadanos a censarse en sus pueblos de origen; ahora, fue un virus el que trastocó el quehacer cotidiano. Ambos acontecimientos cambiaron vidas con la comprensible angustia, preocupación, dolor e incertidumbre y brindó la oportunidad de simplificarse, descubriendo lo verdaderamente importante y valorando a la familia. ¡El amor recobró importancia!

Sin embargo, para muchos no fue el virus la mayor preocupación: sobre sus espaldas pesa la guerra, enfermedad, hambre, soledad, injusticias, indiferencias, abandonos, traiciones, odios, muertes y tantos “otros” que les llevan a elevar una súplica por el fin de sus dolores.

Dios escucha las oraciones de su pueblo y el nacimiento de Jesús en Belén es su respuesta de amor. Es el anuncio de un Reino de amor y justicia que, recitando el Padrenuestro, pedimos que venga a nosotros con la conciencia de que conlleva la responsabilidad de extenderlo hacia los demás. En el pesebre, la pequeñez del Niño es un clamor de justicia, una llamada a obrar pronto cubriendo con pañales a quien tiene frío, alcanzando un poco de leche al que llora de hambre, acogiendo al que no encuentra posada, acunando al que tiene miedo, en fin… amando al prójimo como a nosotros mismos. Jesús dirá luego: “cuanto hicieron con uno de esos hermanos míos más pequeños, a Mi me lo hicieron”  (Mt 25,40)

Cierto es que muchas circunstancias conspiran para ver el pesebre vacío: el consumo desmedido, el egoísmo, la vanidad y alguna que otra ideología a la que le incomoda la presencia de Dios.  Pero Dios es persistente y se las ingenia para entrar en nuestros hogares celebrando la vida, devolviéndonos la esperanza. Que este año en el Pesebre esté Jesús y, junto a Él, los seres queridos que hemos despedido, nuestros enfermos, los bebés que aumentaron la familia, amigos, vecinos y tantos otros a quienes hemos visto infinidad de veces a través de una pantalla, y aquel desconocido necesitado de cariño. ¡Que nadie falte en el Pesebre!

Noche de Paz, noche de Amor, reza un villancico conocido. Que así sea nuestra vida y esta extraordinaria Navidad, llena de paz y amor, porque entre nosotros ha nacido el Redentor.

CONSTRUIR COMUNIDAD

FERNANDO SANJINÉS UNZUETA

Coordinador de Interacción Social Pastoral Universitaria UCB “San Pablo”

[email protected]

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