Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 23 de mayo de 2024
  • Actualizado 17:48

Los sinvergüenzas al poder

Los sinvergüenzas al poder

El “sistema” totalitario como propósito no depende del hombre que está a la cabeza, su actuar no es accidental, se rige bajo un patrón detestable, planificado y su conductor debe tirar al basurero el respeto a la ley, la moral y las tradiciones. No interesan los procedimientos democráticos y sus esbirros no son los mejores ciudadanos, tienen menos educación y pertenecen a sectores sin principios morales e intelectuales, por eso es más fácil a la gente ponerse de acuerdo sobre un programa negativo de odios y rencores. El gobierno impone un programa que está dirigido exclusivamente a favorecer a sus militantes como únicos representantes de la sociedad, estos se han unido al totalitarismo debido al sentimiento de inferioridad que los domina encontrando en esta pertenencia el suplemento de superioridad faltante, la violencia de los individuos y los grupos de choque sirven para estrellarse contra los “otros”, el fin justifica los medios. 

El individuo es un medio para servir a los intereses de la entidad totalitaria, cero intolerancias al disentimiento, desprecian la vida y la felicidad. Por tanto, hay un fin común que todo lo domina, es inevitable que la crueldad se convierta en un deber, los militantes deben ser devotos sin convicciones morales propias, dispuestos a aceptar mentiras por verdades, dispuestos a romper toda norma con tal de lograr los “objetivos” impuestos por los líderes. Son oportunidades para gente inescrupulosa, las tareas a cumplir, maldad de por medio, se deben ejecutar con alto grado de eficiencia, pues es el camino para el ascenso y el poder, el aparato burocrático es inmenso y lo pagamos nosotros, los “malos”.

Este sistema que sufrimos en la Bolivia de “todos” es la evidencia creciente de un trabajo violento y planificado que debe sentar precedentes, enseñar, escarmentar; busca que el ciudadano sea ciego, no proteste, sea sumiso y se calle, no puede denunciar porque será juzgado. El sistema ciudadano es víctima de la fuerza torpe y violenta del sistema “democrático” de esta tiranía, estamos a merced de los secuaces que no están dentro las normas morales y legales, defienden al líder porque es la manera de protegerse; el sistema judicial no existe para ellos, nunca habrá pruebas en su contra y si la hubiera serán destruidas; los testigos en contra “desaparecen”, porque los amedrentan o se “mueren”. No hay fiscales que cumplan su deber, no hay jueces imparciales porque son detenidos, mientras que los que liberan delincuentes o miran a otro lado, siguen en el cargo. 

La corrupción se ha institucionalizado y no hay fuerza que cambie aquello, no es suficiente una censura a la autoridad, porque para el mandamás la Constitución está mejor guardada que utilizada, así se arrinconan libertades que se suman a la inacción opositora -salvo una o dos voces valientes- que nos hacen cada vez más sometidos, indefensos y marginados dentro nuestra propia casa. Parece que el método que mejor entendemos y nos sienta es la agresión de hombres, mujeres y grupos violentos, del sistema judicial, de ministros, asambleístas y dirigentes afines a gobierno. Pronto volveremos a ser agredidos electoralmente.

Las fuerzas ciudadanas llamadas a levantar la voz y dirigir la condena se hallan en total estado de anomía; profesionales y empresarios empeñados en su propia lógica de existencia, la Iglesia en medio del escándalo ha perdido relevancia; las universidades han dejado de generar propuestas y líneas sociopolíticas de convivencia para una mejor sociedad; los notables e intelectuales se han retirado a sus cuarteles y los líderes políticos de oposición andan planchando su ropa para 2025. 

TIBURÓN

FERNANDO BERRÍOS

Politólogo

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