Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 13 de abril de 2024
  • Actualizado 11:00

Qué deja pendiente el Censo

Qué deja pendiente el Censo

Esta semana tuve el privilegio de ser invitado a un programa televisivo de una muy apreciada amiga periodista para analizar qué nos deja el Censo del pasado sábado. No fue un análisis, porque los otros invitados teorizaron sobre lo que debería ser un Censo desde la academia y desde la perspectiva gubernamental y no sobre lo que nuestra realidad nos muestra sobre lo que tenemos y esperamos del registro, fue un diálogo de sordos. 

¿Qué esperamos del Censo entonces?, ¿qué dejará este nuevo Censo? Casi la totalidad de los analistas y las autoridades locales y regionales han señalado la importancia de prestar atención a las premisas desde los ámbitos políticos en torno al Censo. No se puede dejar de lado el reconocimiento a la importancia estratégica del Censo y, mucho más, de asegurar que sus resultados sean confiables, pues de ellos dependerá el debate sobre la redistribución de recursos. Este Censo, indudablemente, marcará el camino para la generación de propuestas en cuanto a la necesidad y la forma de distribuir la coparticipación tributaria; estos próximos meses, antes de los resultados preliminares, se abre un escenario para el debate sobre el pacto fiscal, siempre y cuando el gobierno quiera prestarle atención a este primer elemento. 

En un segundo elemento, cabe esperar la politización del proceso que seguirá al conteo, pues evidentemente habrá toda clase de intereses pugnando por prevalecer por encima de los otros. Está en juego la representatividad en la Asamblea Legislativa Plurinacional; Potosí, Chuquisaca y Oruro corren el riesgo de perder representación por la marcada migración de sus habitantes hacia otros departamentos, los otrora eje de poder político y económico han ido cediendo representatividad, primero, al eje Cochabamba-La Paz, y luego a Santa Cruz. Evidentemente, esto tiene que ver con el desgaste de la industria minera y el auge de la agroindustria que ha cambiado la matriz económica nacional. Sin duda, esta redistribución de escaños volverá a generar tensiones, sobre todo si hay la sospecha de que los datos recogidos no tiene la virtud de estar en correlación con estos cambios. 

Está claro y es previsible que la representación política terminará convirtiéndose en caldo de cultivo para la intolerancia política entre regiones. No es un descubrimiento actual que Santa Cruz de la Sierra hace ya muchos años que lidera el creciente número de habitantes. La previsible discrepancia entre esos números y los que arrojará el Censo puede ser el punto de partida de la conflictividad.

Vivimos tiempos de polarización política y el MAS viene arrastrando una crudísima disputa interna con una gran fragmentación de por medio, no sería nada raro que los resultados del Censo se vean como una oportunidad para obtener réditos e infligir daño al adversario. ¿Por qué no imaginar que el Censo sirva para cobrar facturas políticas? La politización puede alcanzar al viejo y gastado debate sobre identidad racial vs identidad étnica; el progresismo queda flotando sobre la identificación de sexo y género, el cuestionario se redujo a cuantos hombres y mujeres existen; nada sobre el registro de la fe religiosa,  temas altamente polémicos y útiles a la hora de provocar enfrentamiento verbal, mediático y político.

Los censos en Bolivia han evolucionado en términos tecnológicos y en términos concretos con mayor información para evaluar escenarios político-sociales. En 2001, al final del neoliberalismo, petición de mayor inclusión social; en 2012 bajo lo Plurinacional, demanda de implementación de autonomías e inclusión de pueblos indígena originarios y el abuso de los recursos de los hidrocarburos. En este 2024, en un contexto posterior a la pandemia del Covid, con turbulencia política y en condiciones económicas nada favorables. Ojalá nos digan la verdad y sirva para algo.

TIBURÓN 

FERNANDO BERRÍOS

Politólogo

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