Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 26 de noviembre de 2022
  • Actualizado 14:51

“Si me engañas una vez, la culpa es tuya. Si me engañas dos, es mía”, sabia y sencilla reflexión de Anaxágoras, para cuando nos llegue el momento de decidir y hace mucho que debimos haber decidido, ya que fundamentar la vida familiar, una profesión, el ejercicio de la política o cualquier otra actividad sobre el pilar de la mentira, es deleznable y digna de desprecio. Hace mucho que se denuncia de la reiterada práctica mentirosa de algunos personajillos acurrucados por la trivialidad de tener relevancia televisiva, sin más corazón que el dinero, sin más cultura que una sumisión al guion del mandamás Lucho, discurso insulso, propio de analfabetos funcionales al Gobierno, sin importarles los problemas ajenos ya que aquellos justifican los propios fracasos. Cero escrúpulos y cero sangre en la cara.

Entendida la mentira en su primera acepción como “expresión contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente”, los que viven de ella o con ella se convierten en esclavos del compromiso íntimo de mantenerla oculta, de no ser descubiertos o, por último, como ocurre con el Gobierno, impulsa hacerlo con “su verdad” por delante, porque no cree en la verdad, desearía que los hechos se produjeran como el Gobierno los concibe y no como son, conducta que tal vez pueda responder a una patología política y hasta personal de algunos. 

Ya es una costumbre y parece cotidiano hacerlo, retorciendo la verdad, manipulándola y ocultando aspectos de ella. En suma, nos mienten disfrazando la verdad y por ello se han convertido en unos falsarios, tratan de eludir responsabilidades porque le falta la gallardía y la humildad necesarias para reconocer sus errores y limitaciones. Como mienten, son altaneros, nos desprecian y nos tratan como si fuéramos sus adversarios, actúan con soberbia y arrogancia porque nos consideran incapaces de conocer la verdad. 

El Gobierno miente ocultando la verdad, carece del coraje y la decisión necesarios para revelarla, y con su silencio la corrompe y se corrompe él mismo; la dicotomía está en que miente porque busca hacerlo para beneficio propio con independencia del daño que cause a su alrededor, inclusive a sabiendas del daño que se infringe a sí mismo. El Gobierno miente, carece de empatía y actúa con frialdad, está sometido por el beneficio material, por la demostración de poder, no le importa su imagen y pareciera que lo hace por mera maldad, hay un odio instintivo hacia el orden constituido y a la razón, no es el gobierno de y para todos; y están los lacayos que mienten por servilismo, adulación o agradecimiento, solo merecen reprobación; lo mismo que los beneficiarios de su mentira, por consentirla y no reprobarla, la verdad no es mía, tuya, suya, nuestra, vuestra, de ellos. La verdad es única y nadie puede atribuirse su propiedad.

Hasta hoy han ocultado la verdad sobre la postergación del censo 2022, nunca nos dijeron qué ocurrió para recorrer dos años su realización; pero sí nos mintieron diciendo que todo estaba listo, con financiamiento asegurado y con los profesionales idóneos. Hoy el lema es “censo con consenso”, como si de consenso se tratara el cumplimiento de la Ley, no hay cartografía, no hay dinero ni los imprescindibles reglamentos operativos; dizque ahora, que no alcanzan los tiempos y tuvieron 10 años para preparar el censo 2022. El incumplimiento de deberes jamás prescribirá en la mente de los ciudadanos, por si no lo saben los del INE, los ministros y don Lucho, como tampoco prescribirá jamás el brutal y genocida tratamiento a Santa Cruz. El cínico, embustero y farsante es merecedor de aborrecimiento; el que yerra y se disculpa se hace acreedor del perdón; la verdad, sencillamente, se acepta, porque de no hacerlo, se impondrá con su propia fuerza, antes o después. Es una obligación exigir que la administración de Arce deje de mentir y de seguir provocando a los cruceños.   

TIBURÓN

FERNANDO BERRÍOS

Politólogo

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