Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 23 de mayo de 2024
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Milei, Marset y Evo

Milei, Marset y Evo

El triunfo de Javier Milei en las primarias argentinas ha hecho saltar las alarmas entre los gobiernos socialistas y el Foro de São Paulo. César Navarro, exministro del gobierno de Evo, al evaluar el resultado pretende minimizar el hecho y llama a Milei como el outsider que representa ideológica y políticamente el neofascismo. “El republicanismo liberal democrático dramáticamente está demostrando su límite, los actores de izquierda, de centro y de derecha solo buscan respaldo electoral. El neofascismo es la crítica y posible ruptura, no buscan respaldo electoral sino adeptos que asuman sus ideas como suyas, encarnadas en el mesianismo del líder que simboliza el mito como ideal de este tiempo”. 

A pesar del esfuerzo, es muy difícil comprender qué es lo que pretende reflejar Navarro; al abrir las puertas del MAS hay un espejo de lo que sostiene Navarro contra Milei. Es un régimen dictatorial hacia dentro y hacia afuera; no concuerda con opositores y se empeña en eliminar a los enemigos políticos; su política se basa en la exaltación del Estado sobre los intereses individuales, “todo en el Estado, todo para el Estado, nada fuera del Estado y nada contra el Estado”. Si eso no es fascismo, no sé qué es. Es el caudillismo de Evo disfrazado de un singular populismo, populismo lejos de la cosmovisión andina, del respeto e inclusión ciudadana, distanciado del sistema de igualdad, de reconocer un mundo más cholo y mestizo, lejos de la clase media y también del sector empresarial. Evo que jura representar el carácter moral del pueblo versus las elites mestizas corruptas, de que está del lado de ese pueblo, que lo defiende, que le garantiza el poder a través de su persona, una fusión pueblo-líder, embelesado por el ejercicio del poder, que se adueñó de los cuatro órganos del Estado, que forzó las cosas y pasó por alto la Constitución promulgada por el mismo y que ignoró olímpicamente un referendo que le imposibilitaba ir a la reelección. Lo cierto es que en 2015, Evo seguro de que sus reiterados éxitos electorales le daban carta blanca para cumplir su deseo de perpetuarse en el poder, con una Asamblea Legislativa mayoritaria y un Tribunal Constitucional a sus órdenes, planeó el golpe definitivo contra el fundamental principio democrático de la alternancia en el poder. Propuso modificar la Constitución para permitir su reelección indefinida. La Asamblea aprobó rápidamente el cambio y para hacerlo efectivo, era imprescindible un referendo popular. Evo creyó que el votante estaba a sus pies y que ganar el referendo no representaba mayor dificultad. Pero el 21 de febrero de 2016, Bolivia hizo historia al decirle NO a la pregunta que habilitaría la reforma. El megalómano indignado le dio la espalda al voto. No se si Navarro habla de Evo o de Milei.

Mientras gracias a Marset ahora nadie le tiene respeto al Ministro de Gobierno y ha desnudado la fragilidad de las instituciones bolivianas, el hombre más buscado en Bolivia desde la época de Roberto Suárez, en dos videos y una nota ha logrado señalar, tildar y adjetivar al Ministro y aunque pareciera que esto regocija a los bolivianos, es penoso sentir vergüenza ajena de que el delincuente sea más creíble que la autoridad. Por salud del sistema, el Ministro debería dar un paso al costado, pero no lo hará porque sin el poder que le otorga el rango que tiene es vulnerable y puede ser más fácil de encarcelar que proteger. Lo peor es que la desfachatez de Marset muestra claramente que Del Castillo sabía de él, es el deterioro moral de nuestra sociedad en su máxima expresión. Por esto, Evo aprovecha para atacar al Gobierno, que esta semana ha amenazado con un juicio por difamación hacia el ministro Lima, puede ser el fin de las aspiraciones presidenciales de Evo si es sentenciado.

TIBURÓN

FERNANDO BERRÍOS

Politólogo

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