Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 22 de mayo de 2024
  • Actualizado 23:43

Al MAS solo le queda cambiar

Al MAS solo le queda cambiar

Esta historia de lucha masista entre “radicales” y “renovadores”, que los encuentra celebrando su 29 aniversario y que probablemente pueda tratarse de su último festejo, solo sirve para que los primeros puedan asegurar la candidatura de Evo Morales y quedarse con la sigla del MAS y los segundos para concluir la gestión presidencial de Luis Arce Catacora con una cierta estabilidad económica y de la cual dependería su candidatura a la Presidencia en 2025. 

Ambos sectores parecen transitar por el camino equivocado de la historia, los “movimientos sociales”, campesinos, bartolinas, interculturales, ayllus y markas del Qullasuyo, indígenas, la COB, quieren una propuesta popular-nacional como único medio para poder continuar con el proceso de cambio –asegurando, además, su vigencia y existencia al interior del partido- y que las organizaciones sociales se constituyan en el Comité de defensa del proceso, que a corto plazo garantice la gestión de Lucho y a mediano plazo impongan el próximo gobierno, sin embargo, Evo y su entorno primero quieren asegurar su candidatura y Lucho asegurar su existencia al interior del MAS, ambos sectores se acusan de ser la nueva derecha de Bolivia. La brecha política interna parece ser insalvable y hay la sensación de que Evo está dispuesto a destruir el MAS, entregar el Gobierno a la oposición y poner en riesgo lo del Estado Plurinacional con tal de vencer la disputa interna con Arce. En sus últimas declaraciones, Morales y sus dirigentes aseguran que el expresidente está dispuesto a incendiar el país si no se sale con la suya; los tiempos corren y las divisiones son más profundas y la posibilidad de un acuerdo político interno es cada vez más lejano, la desaparición jurídica de la sigla MAS-IPSP es una posibilidad latente.

El nacimiento del Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos, en 1996, traía en su seno una conducción colectiva de organizaciones sociales populares alejada de liderazgos caudillistas y de cúpulas de poder elitistas y cerradas de los partidos políticos tradicionales, una de las fortalezas del MAS fue la unidad, casi total, de las fuerzas del campo popular, que, bajo un discurso antiimperialista, anticolonial y antiliberal lograron deponer la República y refundar Bolivia como un Estado Plurinacional, con el tiempo esta lógica de gobierno compartido con las organizaciones sociales se fue diluyendo y terminó imponiéndose la personalización del liderazgo de Evo Morales como figura insustituible, lo que le llevó al instrumento político a cometer errores como el del 21F. Hoy, la paradoja es que la mayor amenaza para el MAS es el expresidente Evo, su patológica obsesión por la retoma personal del poder, al haberse convertido en el principal opositor al gobierno, está llevando al borde del abismo político y de la desaparición jurídica del instrumento político.

La “salvación” de Lucho y el MAS pasa por la prórroga del mandato de los tribunos, la inhabilitación de Evo como candidato, la posesión de Mario Aguilera como gobernador de Santa Cruz, impedir que Camacho se defienda en su tierra, lograr la división de los camachistas y de la bancada de Comunidad Ciudadana, y actualizar la persecución política al imputar a Édgar Villegas que denunció irregularidades identificadas en las elecciones de 2019 y al Rector de la Universidad de Santa Cruz, Vicente Cuéllar, y otras autoridades, que lideraron la demanda boliviana de realizar el Censo que el gobierno se negaba a ejecutar. Reprimir el emergente liderazgo de Cuéllar como referente unificador de la oposición, resalta la situación actual del MAS, el oficialismo tiene una situación de desbarajuste, de debilidad política, solo entiende del dominio absoluto, sin comprender que hay un nuevo ciclo impuesto por la realidad de los hechos políticos, son tiempos de cambio, incluso para ellos.

TIBURÓN

FERNANDO BERRÍOS

Politólogo

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