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Desarrollo nacional

Desarrollo nacional

En 2015, en la Universidad Autónoma de Puebla, el entonces presidente del Banco Central de Bolivia, Marcelo Zabalaga, expuso los logros económicos, sociales y políticos del gobierno de Evo y en la mesa redonda sobre gobiernos progresistas reveló que “la mayoría de presidentes de bancos centrales de gobiernos de izquierda eran de derecha”. Y dijo: “No se puede ser gobernante si no se cambia la estructura de poder de un país por más bello discurso que uno tenga. Hay que poner gente de izquierda, sino no sirve para nada”. Defendió la austeridad salarial del sector público boliviano, indicando que la gente, cuando escucha a un funcionario que gana poco, le cree, porque existe coherencia. En contra ruta, medir la honestidad de los servidores públicos por su nivel salarial, vestimenta o humildad, deja mal parado al expresidente Evo, quien no reparaba en gastos para vestir y viajar cual empresario capitalista. En Bolivia, los gobernantes le piden a los empresarios, clase media y pueblo en general sacrificios que ellos mismos no están dispuestos a realizar. Resultado: hoy estamos atravesando una crisis económica que el Gobierno niega a gritos. El famoso modelo milagroso que diseñó Lucho cuando fue Ministro de Economía hace aguas por todas partes o, en realidad, nunca hubo modelo o nunca funcionó.

Según el Gobierno, el acuerdo con la COB para el incremento salarial del 3% y 5%, es una política salarial dirigida a favorecer a los sectores tradicionalmente excluidos y cerrar las enormes brechas que había dejado el neoliberalismo, busca reponer el poder adquisitivo y aumentar en términos reales los ingresos de los trabajadores, generando una demanda interna. Pero, solo favorece a trabajadores del sector formal de entre el 16 y 18%, una población con más beneficios, mayores ingresos y seguramente con poder adquisitivo, un círculo de gente con dinero, se incrementa el salario y se consume, el dinero circula entre la gente que tiene plata, los informales y la gente sin un salario fijo sigue alejada del incremento salarial, para ellos es el discurso socialista del sacrificio del pueblo, porque los que gobiernan no sacrifican ni un centavo. Es evidente, entonces, que el incremento favorece sobre todo a los masistas incrustados en puestos públicos y no es una medida que genere disminución de la brecha económica. No se distribuye equitativamente, se procede apuntando a un sector: el masismo asalariado. En esa dirección, más allá de cualquier crisis, los 605 mil funcionarios públicos seguirán percibiendo salarios y aguinaldo y no sentirán la crisis que el resto de la población ya está viviendo.

En la conferencia de Puebla, Marcelo Zabalaga dijo que el éxito del proceso de cambio radicaba en no pagar bien a las autoridades, “todos los que estamos en el sector público como autoridades ganamos muy mal”, y sin vergüenza alguna declaró que “uno aprende a sobrevivir, como todo el mundo, con pocos ingresos, y tiene que darle vuelta al cuello de la camisa o retejer los calcetines”. Si él que ganaba Bs 17.306 en aquella época, tiene que remendar la ropa, no imaginamos que tienen que hacer los trabajadores con salario mínimo. 

La brecha al interior del propio sector informal es enorme, hay unos que tienen ingresos considerables y que pueden hacer frente a la atención de salud, pero la gran mayoría no puede, el que vende en la calle tiene muy poco ingreso. Al otro lado del río, la comúnmente llamada clase explotada minera que ganaba 10 mil, hoy gana 20 mil bolivianos, altamente privilegiados comparados con el sector informal. El MAS ha contribuido a generar empleos en las cooperativas mineras, en la economía informal, en el contrabando, esa es la incidencia de la política económica y salarial implementada en los últimos años, aun así, se llama desarrollo nacional. Urge una nueva política económica para poner orden a la economía nacional.

TIBURÓN

FERNANDO BERRÍOS

Politólogo

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