Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 05 de diciembre de 2021
  • Actualizado 01:31

La democracia sin demócratas

La democracia sin demócratas

Después de las elecciones, el camino hacia la consolidación democrática pasa por la respuesta de los gobernantes a las demandas sociales, mejor aún si la administración del Estado responde por moros y cristianos.

Hacia el año 2018, el 71% de los latinoamericanos estaba insatisfecho con la forma en que funcionaba su democracia. Para 2020, las democracias latinoamericanas muestran signos débiles pero positivos de recuperación, con una marcada disposición para hacer valer la voz a través de las urnas o la protesta.

Las demandas ciudadanas insatisfechas que se expresan a través de las movilizaciones o la participación electoral, producto de desigualdades previas que fueron exacerbadas por la pandemia, ha colocado a gobernantes al borde del abismo por no saber interpretar aquellas demandas. Evo es el caso más emblemático al humillar la democracia con un fraude, su renuncia fue un signo de salud democrática. El año 2010, el 63% consideraba que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, ese indicador al año 2020 se sitúa en un 48%

Hay datos reveladores que dan un apoyo al autoritarismo en Latinoamérica en un 13% y en Bolivia soslayado en la democracia recibe un 50%, concluyendo que el apoyo a la democracia solo se encuentra en el 50%. Si separamos a los jóvenes de 18 a 25 años, son un 27% que la vida democrática no los ha vuelto demócratas, parece una generación perdida, amen del 13% de indiferentes.

Ante esta realidad, el gobierno está empeñado en crear artificialmente un impacto que les garantice continuidad. Arce, como Evo, tiene un discurso agresivo con los opositores, a los cuales solo cabe perseguir y encarcelar; su perfil de economista y profesor universitario, su imagen de ministro de Economía de Evo, ha sido desechada por la aparición de esta versión evista de Arce. Es el origen de las tribulaciones del gobierno, que al concluir el primer año de su mandato no ha consolidado una agenda y está retrocediendo peligrosamente al tratar de imponer una serie de leyes que atentan contra la libertad y la estabilidad ciudadana. Ha pasado el tiempo de la permisividad de los ciudadanos a las transgresiones democráticas, está en juego la fortaleza del autoritarismo. Es encontrar formas de aferrarse al poder, (la más descarada acaba de suceder en Nicaragua) debilitando instituciones o polarizando permanentemente.

A diferencia de Evo, que tenía bajo su mando no solo la primera magistratura del país sino la jefatura del partido y la dirección de las seis federaciones de cocaleros del Chapare, con lo que tenía todo el poder estatal, el poder partidario y el dominio sobre uno de los sindicatos más relevantes del país, Arce solo tiene parte del poder gubernamental, muy poca influencia sobre el partido y no tiene llegada con las bases campesinas. Esta cultura de confrontación de Arce ha puesto en juego su existencia en la vida política del país.

El impacto que pretende conseguir a través de narrativas que presentan al líder del Ejecutivo como el único capaz de solucionar las demandas ciudadanas y a sus adversarios como los enemigos, solo buscan la aceptación de su mensaje y no el diálogo plural que requiere la democracia.

“No somos cultura de la violencia, no somos violentos” dice el Presidente, pero tiene grupos de choque en automóviles clandestinos de Dircabi, asambleístas amenazando con matar, civiles encapuchados en carros policiales, campesinos trasladados a las ciudades para buscar enfrentamientos y circulan militares por las ciudades al puro estilo Garciamesista, no le cree nadie. Qué saludable hubiera sido destituir al Ministro de Educación antes de su imputación por la Fiscalía ante la denuncia de su propio viceministro por tráfico e incumplimientos de deberes. Si el ministro es así…   

TIBURÓN

FERNANDO BERRÍOS

Politólogo

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