Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 24 de mayo de 2024
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El ciudadano como parte del Estado

El ciudadano como parte del Estado

Nuestro primer mandatario sostiene que le preocupa que circule el dólar, porque el país debería estar en la lógica de la “bolivianización” monetaria ya que es lo que necesita el país, y lamenta que haya gente que todavía confíe en el dólar americano, asumiendo que en el futuro esa moneda va a dejar de tener el peso que tiene hoy. Además, asegura que aquello está ocurriendo gradualmente. 

Entonces, es mejor mantener la moneda nacional que, según él, está garantizada por la economía nacional, porque no hay crisis y el país está creciendo, con baja inflación, bajo desempleo, con redistribución del ingreso, con industrialización y, especialmente, con inversión pública como el principal instrumento del modelo económico social comunitario productivo implementado por él desde que era ministro de Economía. Ergo, no solo asume ser culpable del descalabro que vivimos, sino que gracias a esa revelación ahora entendemos que la escasez y sangría de dólares es una política de Estado.

Si no existe la posibilidad de generar nuevas fuentes de ingresos tanto para personas como para el Estado, estamos destinando a la quiebra del sistema democrático de subsistencia de cualquier país. La gestión gubernamental se basa en el extractivismo y la depredación de las áreas verdes; se ha eliminado la concepción del individualismo de las personas y de las instituciones que promueven, defienden o valoran explícitamente la dignidad, los derechos y los intereses de los individuos con respecto del Estado. Se ha descontextualizado el rol protagónico del ciudadano como pilar fundamental para la existencia del Estado boliviano; ha dejado de ser una entidad política desechando sus características propias y se han eliminado las tendencias política, moral y filosóficas del individuo. Solo son ellos, la élite que no comprende que cada individuo en sociedad está regido por valores supremos de autonomía y autosuficiencia; se ha pisoteado la “dignidad moral” que le hace frente a cualquier intento de intervención del Estado en sus decisiones personales. Se impone la cultura colectivista, donde la persona pertenece a grupos “sociales” que la protegen a cambio de su lealtad.

No es posible que Arce pueda seguir negando los problemas de Bolivia por mucho más tiempo. El modelo económico impulsado en los últimos casi 20 años por el MAS está quebrado y la economía boliviana está al borde de un colapso financiero. La escasez de dólares es en parte el resultado de mercados financieros mundiales más ajustados, pero como somos la Suiza latinoamericana nos hemos aislado del mundo y sus alrededores. 

Lucho es parte del desperdicio de los ingresos históricos y que el “milagro económico” no sea sostenible; la producción gasífera cayó a un tercio y para 2030 las reservas del país se habrán agotado; la desconfianza de los inversores que en 1999 equivalía al 12% del PIB, hoy apenas representa el 0.7%. En el rubro de hidrocarburos, la inversión media de $us 1.000 millones por año descendió a 300 millones; el costo subvencionado de los combustibles, la inmensa deuda externa, la gigantesca economía informal y la deuda pública que se sitúa en 80% del PIB, superior al promedio regional y mundial, nos dice que estamos muy cerca de la crisis en la balanza de pagos, como en 1982, que acabó en una hiperinflación. Hay signos de presión financiera por todas partes; el mercado paralelo de dólares vende la divisa a un precio muy superior al oficial, aquello genera inflación cercana al 6%.

El Estado parece un Estado “fallido” e “inconcluso”, no es un Estado “fuerte” y “homogéneo”. Es un Estado en continuo proceso de construcción y refleja la complejidad de la propia sociedad boliviana, es urgente un nuevo modelo, otro gobierno y otro mandatario. Es el tiempo del CAMBIO.

TIBURÓN

FERNANDO BERRÍOS 

Politólogo

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