Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 24 de junio de 2021
  • Actualizado 18:16
Nuestra experiencia con la “vida” es en verdad escueta y se restringe a lo que hemos podido ver en el planeta. Y con respecto a su origen todavía nos consumimos en debates interminables, contrastando posiciones creacionistas (la vida se debe a un creador), panspérmicas (procede del espacio exterior) y endógenas (surgió aquí mismo).
Los físicos nos bombardean con estimaciones del número de planetas con vida y con estadísticas sobre la existencia de vida inteligente externa. Pero hasta ahora no hemos podido dar ni siquiera con un microbio fuera de nuestro planeta, aunque sí con moléculas precursoras de la vida, pero nada que haya estado organizado en lo que conocemos como célula, con una membrana que la aísle del medio y la mantenga en equilibrio, con autonomía para poder obtener su energía, reproducirse por sí misma, y contenedora de moléculas como el ADN y ARN, las cuales almacenan información y se reordenan (evolucionan) según las presiones ambientales.
S. Bartlett del Instituto Tecnológico de California y M. Wong de la NASA proponen que las características citadas arriba definen mejor a un ser que ellos llaman “vyvo” o con “vyda”, una definición más completa que podría aplicarse dentro y fuera de la Tierra. Además, debemos considerar que las formas arquitectónicas y funcionales de organismos extraterrestres quizás no sigan los patrones terrícolas, que dicho sea de paso, aún no se conocen íntegramente; se describen 20.000 especies nuevas por año y se estima que quedan unas 12 millones por describir. Algunas de las nuevas especies son simplemente “de otro mundo”, como los peces abisales.
El nuevo concepto de vyda representa un avance en su búsqueda extraterrestre, pero aún no hay indicios de ella y la pregunta que pulula en el aire es ¿qué haremos cuando la encontremos? El hecho de hallarla más allá de nuestro mundo, aún desconocido y que requiere de soluciones reales a la crisis global desatada por la acción humana, incita una serie de criterios encontrados: ¿no sería mejor invertir en la recuperación de nuestro propio planeta que derrochar en algo para lo que aparentemente ni siquiera estamos preparados?
Sí, la tecnología y conocimiento que se pueda derivar de un sistema vyvo, con procesos químicos y estrategias evolutivas novedosas, es impredecible, pero lo predecible es el efecto de un posible accidente que libere esta nueva forma viviente en la Tierra, lo cual podría ser un proceso inocuo o un desastre ecológico más para nuestro planeta. ¿Ciencia ficción? A pesar de lo dicho, con los presupuestos gastados en exploración espacial, inimaginables en nuestro rincón de mundo, y los avances tecnológicos alcanzados en la carrera espacial, la posibilidad de encontrar vyda exógena, su colecta y experimentación en tierra es prácticamente cuestión de tiempo.
Y siendo realistas, ya conocemos el modus operandi, no solo de la ciencia, revestida todavía de una cierta ética y protocolo, sino también de los sistemas políticos y sociales en franca competencia, que son capaces de cualquier barbaridad a costa de su supremacía. Sufrimos la vileza del mal uso de la fisión nuclear, nos enfrentamos al lado aciago de la inteligencia artificial, ¿qué harían los poderes del mundo con lo derivado de la vyda alienígena?

EDUARDO MORALES
Ph. D., docente de la Universidad Évora, Portugal
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