Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 15 de octubre de 2019
  • Actualizado 19:57

“El fuego… hijo natural de la agricultura”

“El fuego… hijo natural de la agricultura”

Esta aseveración fue confeccionada por un Ministro del actual Gobierno como parte de un alevoso complot contra la naturaleza del país. ¿Pero será verdad? ¿Se utilizó el fuego desde el inicio de la agricultura?

Desde ya, el dominio del fuego por parte de Australopithecus y Homo erectus precede por millones de años a la agricultura iniciada por Homo sapiens. Hay evidencia de que los homíninos previos a este último ya utilizaban la quema para la caza, provocando indirectamente la fertilización de la tierra y favoreciendo el crecimiento de cereales silvestres que luego se comenzaron a cosechar.

La agricultura en sí la iniciaron los Natufianos recién entre 14000 a 12000 años atrás en la Media Luna Fértil (partes de la actual Cisjordania, Egipto, Líbano, Irak, Irán, Israel, Palestina, Siria y Turquía), quienes parecen haber domesticado algunas plantas como el centeno y posiblemente ya hayan adoptado el fuego como ayuda en el descampe y fertilización.

La primera domesticación comprobada fue la del trigo escaña en Turquía hace unos 10500 años pero no existe evidencia clara de que se haya utilizado fuego para su cultivo. Al mismo tiempo, la domesticación y cultivo de arroz y mijo en la China incluyó el uso de la inundación y el fuego controlado como técnicas agrícolas.

El inicio de la agricultura en México y Sudamérica se da entre 9000 y 8000 años atrás y en el resto de Norteamérica entre 5000 a 4000 años atrás. La agricultura americana fue itinerante, usó el terraceo, la fertilización con excrementos de animales domésticos y, por lo menos en algunos lugares, usó también el desmonte y quema.

Entonces, la historia muestra que el antiguo uso de fuego en el chaqueo parece haber sido más bien un fenómeno accidental que luego fue añadido a la agricultura, por lo menos allí donde el suelo carecía de suficiente fertilidad o no existía el espacio necesario para el cultivo.

Por otra parte, la agricultura moderna usa el fuego de manera más intensiva pero, debido a un obvio daño ambiental (en suelo, agua, aire y biodiversidad), esta práctica se ha abandonado en regiones enteras del mundo ya desde los años 1970.

En el caso del desmonte y quema que se practicaba en la antigua América, esta era de tipo “integral”. Después del uso del terreno por 1 a 2 años, el bosque se dejaba regenerar por unos 15 a 20 (¡!), se quemaban solo las hojas y las ramas ricas en nutrientes y el resto se dejaba en el mismo suelo. Lo que se practica ahora en sitios como la Amazonía y la Chiquitanía bolivianas es un “chaqueo incipiente” en el que el suelo naturalmente pobre en nutrientes es empobrecido aún más por el cultivo intensivo, recurrente y por la quema violenta, liberando contaminantes que matan la microflora y microfauna del suelo, inutilizándolo para la agricultura.

En tiempos en los que se pierden 75 billones de toneladas de suelo fértil anualmente a nivel mundial, no podemos darnos el lujo de cultivar de una manera tan rudimentaria y ni siquiera cubrir la demanda interna del país. Actualmente, el fuego es más bien el padre de una práctica agrícola brutal que pertenece a un esquema de desarrollo ilógico y a un proceso geopolítico absurdo que lo único que hace es destruir la nación, su sociedad y sobre todo su naturaleza.

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