Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 23 de enero de 2022
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Estoy con Greta

Estoy con Greta

Las posiciones contra la activista climática Greta Thunberg son cada vez más numerosas y extremistas, y hallan cabida en todos los medios de comunicación masiva. Entre los mismos científicos hay facciones contrarias a la estrategia comunicativa y de lucha utilizada por la adolescente de 16 años. Le reclaman ser alarmista, ella lo acepta y no ve otra alternativa de comunicación. Su razón es simple: “no podemos esperar más porque la gente está sufriendo y muriendo por la emergencia climática y ecológica”.

Los sucesos en Bolivia no podían adscribirse mejor a esa visión: el incendio de la Chiquitanía, la evidente disminución de la cubierta de hielo en los Andes, la desaparición del lago Poopó, etc. Y el sufrimiento, la muerte y la migración forzada han sido parte de este esquema de degradación climática extrema. 

Lastimosamente, los estudios científicos de estos procesos son escasos e insuficientes para mostrar el dramatismo de sus efectos en territorio nacional, al punto que los detractores perciben tal escasez como ausencia de problemas.

Los datos que maneja Greta en su retórica no son inventados o producto de una imaginación fértil. Son datos científicos que aparecen en publicaciones oficiales de organismos internacionales como el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) o la misma Organización de las Naciones Unidas (ONU). 

Esas publicaciones son el resultado de cientos de estudios resumidos con un criterio no solo informativo, sino también como fundamento científico del proceso de degradación climática y recomendaciones para frenar y revertir el cambio climático.

En verdad, el peligro de una catástrofe ambiental de proporciones planetarias es aún mayor que lo expuesto en eventos como la COP25 de Madrid. 

El Portal de Datos Mundiales sobre Migración reporta que en la década 2008-2018, 265.3 mil millones (MM) de personas abandonaron sus hogares debido a problemas ambientales. Solo en la primera mitad del 2019, 7 MM de personas más migraron debido a desastres, la mayor parte de ellos relacionados con cambio climático.

A nivel nacional la situación no es diferente. Según un estudio realizado en el Zongo de La Paz y publicado en la revista Scientific Reports, los incendios forestales aceleran el derretimiento de los glaciares de los Andes debido a que el hollín que se asienta sobre el hielo atrapa calor. Según estimaciones de un equipo de biólogos, solo en la zona de Otuquis, los incendios de este 2019 mataron 1,2 MM de animales grandes, lo cual tendrá repercusiones sobre la sostenibilidad de la fauna de ese parque nacional y reconfigurará la dinámica ecológica de la zona. Existen muchos ejemplos más.

La gente no ha caído en cuenta de que las catástrofes continuarán repitiéndose en las condiciones actuales, agravándose frente a la inacción de las naciones. Los objetivos fijados por la IPCC, que son permisivos con un mayor incremento de emisiones de dióxido de carbono y de la temperatura global, descansan sobre las vidas a perderse en esas catástrofes. Ya sucumbimos en muchas batallas ambientales, ahora debemos intentar no perder la guerra climática. Suena alarmista, sí, pero esta es la realidad que nos circunda. Y esa realidad fluye a borbotones de los labios de Greta.

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