Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 02 de octubre de 2022
  • Actualizado 03:14

Viviendas sociales sin uso, un desperdicio

Viviendas sociales sin uso, un desperdicio

Al menos 30 de cada 100 personas en Bolivia no cuentan con una vivienda propia, por lo que se ven obligadas a vivir en alquiler, en anticrético o en la propiedad de familiares, según datos del Instituto Nacional de Vivienda.

Un porcentaje elevado del 70% que sí tiene una vivienda propia vive en condiciones de precariedad, en hacinamiento, es decir, más de tres personas duermen en una sola habitación o un ambiente sirve de dormitorio, sala, cocina y comedor.

Y ante este elevado déficit habitacional, tanto cuantitativo como cualitativo, el Gobierno administra un programa nacional de vivienda que tiene el objetivo de construir soluciones habitacionales para las familias más vulnerables, es decir, aquellas que no tienen la posibilidad de acceder a un crédito bancario debido a que sus ingresos económicos son mínimos.

En una década, el programa estatal de vivienda construyó más de 154 mil soluciones habitacionales en todo el territorio nacional, según un informe emitido por la Agencia Estatal de Vivienda, priorizando a madres y padres solteros y personas con capacidades diferentes.

Hasta ahí todo bien. Empero, lo que llama la atención es que, según un reportaje de El Deber, el 70% de las viviendas que el Gobierno construyó en ocho municipios de Cochabamba, La Paz y Santa Cruz se encuentran vacías, no se han adjudicado, pese a que están listas para ser habitadas.

Si el déficit habitacional es aún elevado en el país, ¿por qué se demora tanto en adjudicar estas viviendas a las familias que las necesitan? ¿Acaso los precios son tan inaccesibles que las familias no tienen la posibilidad de pagar? o es que los trámites son tan engorrosos que desaniman a más de uno.

En el país hay millones de personas que peregrinan de un lado a otro por falta de vivienda, por lo que adjudicar las que se han construido hasta ahora debería ser una tarea relativamente sencilla, porque la demanda es alta. Es más, el número de viviendas construidas en los últimos 10 años con los planes de vivienda social es mínimo si se toma en cuenta la cantidad de familias que no cuentan con una y no tienen posibilidades de comprar por su economía paupérrima.

El espíritu del plan nacional de vivienda es facilitar casas dignas a las personas más necesitadas, a las familias que son vulnerables, por lo que la Agencia Estatal de Vivienda deberá ser más eficiente y cumplir la tarea que se le encomendó.

Es un desperdicio tener cientos de viviendas sociales sin ser ocupadas, porque se irán deteriorando con el paso del tiempo y habrá sido solo un gasto de dinero, mientras miles de familias viven en condiciones precarias o como gitanos, trasladándose de un lado a otro, con un futuro incierto.

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