Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 19 de octubre de 2021
  • Actualizado 08:50

La violencia sexual no cesa

La violencia sexual no cesa

Los números son escalofriantes. Cada día se registran al menos cinco casos de violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes en Bolivia, según información publicada por el Ministerio Público. Empero, aquí cabe una precisión, esos son los hechos que se denuncian, por lo que se infiere que la cifra es aún más escandalosa.

De las 1.340 denuncias de violación contra menores que se han registrado en el país en lo que va del año, el 64% de los casos ocurrieron en los departamentos de Santa Cruz, La Paz y Cochabamba.

Y lo más aberrante es que en la mayor parte de los casos los agresores (violadores) pertenecen al entorno más cercano de la víctima y los abusos se cometen durante muchos años, sin que nadie denuncie por diferentes razones.

Cada día, los medios de comunicación hacen eco de los casos de violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes, en los que los agresores son padres, padrastros, tíos, abuelos, hermanos, primos y otros familiares cercanos, en quienes las víctimas confían y, por lo tanto, son más vulnerables.

Un caso que grafica la violencia sexual contra niños y niñas es lo que ocurrió en la localidad de Suticollo (Cochabamba), cuyos pobladores se enardecieron cuando se enteraron de que uno de los vecinos abusó de su hija durante cinco años, desde que esta tenía seis.

Y así como este, hay decenas más de casos que se conocen cada día en los medios de comunicación, en los que las víctimas son cada vez niñas y niños de menos edad, que son atacados salvajemente por sus padres, padrastros, tíos, hermanos o abuelos. Y, lamentablemente, algunas personas del entorno familiar son cómplices o encubridoras de estos delitos.

El lugar más seguro para los niños y niñas debería ser el hogar, pero en muchos casos se convierte más bien en un espacio en el que están expuestos a maltrato, violencia extrema y violaciones, entre otros delitos, y cuando denuncian, en muchos casos no dan crédito a sus palabras.

Es penoso observar que en muchos casos las personas que están a cargo del cuidado de los niños y niñas cometen una infinidad de abusos contra su integridad física y psicológica, en vez de protegerlos.

Para cambiar esta situación de violencia contra los niños, será importante trabajar no solo en las medidas coercitivas contra los agresores, sino también, principalmente, en la implementación de medidas educativas, para que los adultos dejen de agredir a los más pequeños. 

El círculo de la violencia debe romperse, y para ello las instancias encargadas de proteger a los infantes tienen que hacer un trabajo más concienzudo, de manera que ya no escuchemos más casos de violencia contra los más pequeños, porque estos pueden convertirse luego en los victimarios. Es necesario, por eso, poner un alto a este círculo de la violencia que afecta a gran parte de los hogares en el país.

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