Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 18 de septiembre de 2020
  • Actualizado 04:34

Víctimas de la pulseta política

Víctimas de la pulseta política

En las últimas semanas, la cantidad de casos de personas contagiadas y muertas por el coronavirus se incrementaron de forma exponencial en el país. Sin embargo, mientras millones de bolivianos están preocupados y asumen las medias de bioseguridad para evitar ser contagiados, otros prefieren desafiar a la COVID -19 y bloquear carreteras del territorio nacional, exigiendo al Tribunal Supremo Electoral (TSE) que las elecciones generales sean el 6 de septiembre y no el 18 de octubre como se dispuso recientemente.

En las dos jornadas de protesta, convocada por la Central Obrera Boliviana (COB) y el Pacto de Unidad, ambas instituciones afines al Movimiento Al Socialismo (MAS), el bloqueo de caminos fue, principalmente, en las vías del eje troncal (La Paz, Cochabamba y Santa Cruz), ocasionando mayor perjuicio del que ya existe a causa de la pandemia.

Está claro que esta medida de presión tiene un componente altamente político y busca medir fuerzas entre el MAS y el partido en función de Gobierno, cuya Presidenta es también candidata para las elecciones generales.

Algunos vecinos y dirigentes que están en los bloqueos exigen la renuncia de la jefa de Estado Jeanine Áñez, cuando se supone que la protesta es en contra de Órgano Electoral, que determinó que los comicios sean el 18 de octubre. En respuesta, el Gobierno lanza advertencias y entra en el juego político.

Es evidente que Bolivia necesita de una vez elegir al nuevo Presidente o Presidenta que gobernará en los próximos cinco años, sin embargo, al tener una fecha fijada para la contienda electoral y faltando poco más de dos meses, pero, además, considerando que el pico de la COVID-19 se dará entre agosto y septiembre, sería aconsejable que los sectores movilizados reflexionen y levanten la extrema medida, que definitivamente no favorece a nadie, más al contrario perjudica.

La economía del país necesita dinamizarse; los bolivianos claman trabajo porque miles se han quedado desempleados, tras el cierre de empresas. Bolivia estuvo completamente paralizada por dos meses y, ahora, apenas comienza a retomar cierta normalidad. Los bloqueos no le permiten al sector productivo trabajar, al campesino llegar a los mercados con sus productos y al ciudadano de a pie, trasladarse para realizar sus actividades cotidianas.

Si bien la prioridad en estos momentos es la salud y la vida, también urge que la economía comience a reactivarse, pero nada será posible si es que los movilizados deciden pensar en sus intereses político partidarios y no en los millones de bolivianos que están sufriendo los efectos dejados por el coronavirus.