Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 05 de diciembre de 2021
  • Actualizado 22:23

Vacunarse o morir con COVID

Vacunarse o morir con COVID

Incentivos para los que se vacunan contra el coronavirus, como regalos y descuentos en la compra de productos o servicios, son algunas estrategias que se utilizan para convencer a las personas que todavía son reacias a recibir las dosis correspondientes. Sin embargo, en muchos casos ningún incentivo, advertencia o amenaza hace mella en la tozudez que algunas personas han asumido cuando se les pide que se vacunen contra el coronavirus, para proteger su vida y la de sus familiares y personas de su entorno más cercano.

Cuando se trata de rechazar esta vacuna, a algunas personas se les aguza el ingenio y recurren a una y mil tretas para convencer que no es necesario que reciban ninguna dosis, pese a que las cifras son contundentes. El 90% de las personas que ocupan las camas de las unidades de terapia intensiva no han sido vacunadas.

La mayor parte de las personas que fallecieron en los últimos días no tenía ninguna de las dosis de la vacuna anticovid. Entonces, ¿qué argumento más se puede esgrimir para no aceptar una vacuna que protege la vida? Un pinchazo en el hombro evita que un paciente que se contagió con el virus termine en terapia intensiva o muera.

En los últimos días se ha propuesto, una vez más, que las personas no vacunadas y que enferman con el coronavirus paguen su atención en los hospitales públicos y de seguridad social, de modo que tomen conciencia y se vacunen, como ya lo ha hecho un poco más del 60% de la población en el país.

Sin embargo, aquí habría que precisar que no se puede negar atención en salud a una persona que padece una enfermedad, porque este derecho está consagrado en la Constitución Política. El artículo 35 habla de gratuidad.

Estas personas que se resisten a ser vacunadas deben estar conscientes de que su irresponsabilidad les puede llevar no solo a perder la vida, sino provocar que otros corran la misma suerte, sin tener culpa alguna.

En las primeras olas de la pandemia, decenas de personas no pudieron ingresar a terapia intensiva cuando lo necesitaban y murieron en las puertas de los hospitales, en las calles, en sus vehículos y en sus domicilios.

Si seguimos con las cifras de contagios en aumento, se tendrá que imponer nuevamente restricciones severas como el confinamiento, lo que afectaría a la economía de miles de familias.

En Europa, ante el incremento exponencial de casos y el riesgo de que al menos 700.000 personas mueran, algunos países han empezado a imponer restricciones, tal es el caso de Eslovaquia que decretó un confinamiento de dos semanas.

Para que no se llegue a ese extremo en el país, está en manos de cada uno luchar contra este virus, acudiendo a los centros de vacunación y cuidando las medidas de bioseguridad. Solo así se podrá recuperar la normalidad.

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