Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 26 de enero de 2021
  • Actualizado 17:20

El transporte y la COVID-19

El transporte y la COVID-19

Desde que el Gobierno anterior instruyó una cuarentena total a causa de la pandemia de la COVID-19, desde el 22 de marzo de 2020, la mayor parte de las actividades económicas sufrió una desaceleración en sus ventas y, por ende, una merma en sus ingresos, lo que implicó, aunque estaba prohibido por norma, el despido de trabajadores o el recorte de sus salarios.

Sectores como el transporte, salones de eventos, empresas que prestan servicios a la población y una gran cantidad de pequeñas empresas, además de profesionales independientes, se vieron duramente golpeados por esta necesaria cuarentena.

Tras casi seis meses en los que la cuarentena rígida estuvo vigente, el Gobierno central, las gobernaciones y las alcaldías empezaron a flexibilizar las medidas de restricción, con el fin de que se reactiven las actividades económicas, pero siempre con la recomendación de guardar las medidas de bioseguridad más elementales: el lavado constante de las manos, el uso de barbijo, especialmente en lugares donde hay aglomeración de personas, y llevar alcohol para desinfectarse.

Sin embargo, no todos los sectores cumplen con estas mínimas recomendaciones. Uno de estos rubros es el del transporte, cuyos choferes (no en todos los casos) llevan en sus unidades de trabajo más pasajeros de los permitidos, extremo que fue confirmado por este medio de comunicación, con fotografías incluidas.

Pasajeros en los pasillos, algunos sin barbijos, viajan en las diferentes líneas de transporte, pese a que la norma municipal de Cochabamba señala que se puede llevar como máximo hasta el 70% de su capacidad.

El argumento que esgrimen los hombres del volante es que durante la cuarentena rígida han sufrido un perjuicio económico que no les permite cumplir con los pagos de sus cuotas a las entidades bancarias y, en algunos casos, pueden perder sus herramientas de trabajo. Y si bien este argumento no está alejado de la realidad, se debe recordar que hay otros sectores que han tenido igual perjuicio, e incluso más, a causa de la cuarentena, sin que eso signifique que deban desconocer las normas emitidas a nivel local o nacional.

Es más, los choferes ahora tienen en vilo a la población con amenazas de paro, exigiendo que el diferimiento para cancelar sus créditos sea de seis meses.  El transporte es un sector clave para prevenir que la COVID se esparza entre la población. Si permitimos que la conducta de viajar apiñados en un vehículo público prevalezca, lo más probable es que los casos de esta enfermedad aumenten mucho más, lo que implicará el colapso del sistema de salud, tal como ocurrió en la etapa más crítica de la pandemia en el país.

El sector del transporte deberá ser más bien un baluarte para que se contrarreste esta enfermedad. Para ello deberán cumplir con las medidas de bioseguridad elementales y no recoger más pasajeros de los permitidos.