Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 21 de septiembre de 2021
  • Actualizado 18:49

Tierras de la discordia

Tierras de la discordia

La propiedad de las tierras y su distribución fue desde la misma fundación de la República (actualmente Estado Plurinacional) un tema conflictivo que ha dejado no solo miles de personas insatisfechas, sino también más de un dolor de cabeza en los gobiernos de turno.

La tenencia de tierra no solo es un gran negocio, porque se trata de un bien que se valora cada vez más, sino también una estrategia que utiliza la clase política para granjearse la simpatía de sectores de la población y, eventualmente, votos en una elección.

En los últimos días, la propiedad de las tierras está causando nuevamente un acalorado debate entre Luis Fernando Camacho, gobernador de Santa Cruz, y el presidente Luis Arce.

El Mandatario anunció que se inició la entrega de 26 mil títulos ejecutoriales de tierras en favor de las comunidades indígenas, originarias, campesinas e interculturales, a lo que Camacho replicó que se trata de una provocación a los cruceños, puesto que esa dotación conlleva conflictos.

En concreto, Camacho acusó al Presidente de “hacer campaña con la tierra”, porque se estaría entregando este bien a los militantes del MAS, en detrimento de gente que es propietaria de estos predios.

Es lamentable, pero, al parecer, los políticos (oficialistas y opositores) buscan obtener réditos de cualquier circunstancia, sin importar si están obrando bien o mal. Eso, definitivamente, va en contra de los intereses del Estado y, en muchos casos, perjudica a quienes trabajan con honestidad para sus familias.

En el pasado, se han conocido de escandalosos negociados en los que algunos privilegiados compraron millones de hectáreas de tierra en el oriente boliviano, literalmente en centavos. Un informe del Instituto Nacional de Reforma Agraria señala que se vendieron las tierras a 10 centavos de dólar por hectárea, prácticamente una dádiva.

Este mismo informe, del año 2008, recuerda que la tierra es para quien la trabaja, pero “no se aplica aún del todo” este concepto, porque “los amigos de los poderosos y los parientes de los gobernantes recibieron centenares de miles de hectáreas”.

La polémica entre Camacho y Arce confirma que la tierra se sigue utilizando como una estrategia política.

Las noticias sobre avasallamientos de tierras en todos los confines del país son frecuentes, con enfrentamientos de por medio, porque este bien sube constantemente de valor.

La tierra debe ser para quien la va a trabajar y no servir más para el engorde.

Es hora de poner un alto al tráfico de tierras y para eso deberían trabajar en forma coordinada el Gobierno central con el departamental y los municipales, y que de una vez por todas se acaben las pugnas para sacar rédito de este tema sensible, especialmente para quienes no cuentan ni con una pequeña parcela.

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