Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 23 de octubre de 2021
  • Actualizado 23:12

¿La tierra es de quien la avasalla?

¿La tierra es de quien la avasalla?

La violencia en los avasallamientos de tierra en el oriente boliviano ha llegado a extremos que lindan con la delincuencia. El dueño de una propiedad agrícola en Santa Cruz, Juan Montaño López, y otras 15 personas, fueron atacados inmisericordemente con disparos de bala, machetes y golpes de palo.

El único “error” que cometió fue ir hasta su propiedad para pedir a los avasalladores que desalojen su tierra. A consecuencia del despiadado ataque, Montaño se encuentra en una unidad de terapia intensiva.

Después de la reforma agraria en el país, se puso de moda la frase “La tierra es de quien la trabaja”, pero en los últimos años se está imponiendo la política de la tierra es de quien la avasalla, de quien demuestra mayor fuerza, de quien se apodera de predios por la fuerza, utilizando armas letales, muchas veces con la complicidad de instancias que deberían hacer respetar los derechos de los legítimos propietarios.

No otra cosa significa los avasallamientos que se denuncian en Santa Cruz, así como ocurre en otros departamentos del país, donde grupos delincuenciales invaden cualquier tierra fiscal o privada para adueñarse de la misma, por la fuerza.

En Cochabamba, varios grupos de loteadores avasallan cuanta tierra encuentran a su paso y la venden a personas que sueñan con tener una vivienda propia. La consigna es resistir por algunos años hasta que los municipios legalicen las urbanizaciones, ya sea por la razón o por la fuerza.

Esta situación es evidente, sobre todo si se observan algunas serranías que se encuentran camino al Valle Alto y en el sector sur de los municipios de Colcapirhua y Quillacollo. Viviendas precarias, pero con alumbrado público en serpenteantes calles, se levantan de la noche a la mañana y se convierten, rápidamente, en barrios precarios, sin planificación y que, a todas luces, son ilegales, pero esperan pacientemente su turno para ser beneficiados con alguna amnistía.

Así como se ha avasallado el Parque Nacional Tunari, los grupos delincuenciales intentan lotear otros espacios ecológicos como la serranía de San Pedro, al este de la ciudad, y la laguna de Quenamari, al sur.

La tierra, además de para quien la trabaja, debe ser de aquel que la ha adquirido legalmente y tiene sus papeles al día, y nadie tiene el derecho de tomar por la fuerza una propiedad que no le corresponde.

Si una tierra se mantiene ociosa y solo para engorde, tendrá que ser la instancia encargada que determine este extremo y, en su caso, seguir un proceso como la ley determina, y una vez que se concluya, se podrá dar otro destino a los predios.

Es preciso brindar seguridad jurídica a todas las personas que deciden apostar por hacer empresa en el país, con el fin de que se pueda generar empleo, que es lo que tanta falta hace.

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