Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 22 de febrero de 2024
  • Actualizado 23:50

Subvención, entre la espada y la pared

Subvención, entre la espada y la pared

En los últimos días han surgido voces que proponen al Gobierno evaluar si debe seguir subvencionando el precio de los combustibles, medida que busca evitar que el costo de los artículos básicos se dispare para mantener la estabilidad económica en el país.

El dirigente del transporte pesado, Nelson Carrillo, deslizó la posibilidad de que el Gobierno levante la subvención de los combustibles, debido a que sus afiliados están cansados de formar largas filas en los surtidores para cargar diésel y preguntó al Ejecutivo si Bolivia tiene aún la capacidad económica para seguir importando carburantes.

Algunos asambleístas del MAS señalaron también que se podría levantar la subvención de los combustibles, pero gradualmente para que el impacto sea el menor posible para la población.

¿Qué efectos podría ocasionar que en Bolivia se empiece a vender el diésel y la gasolina sin subvención?

La primera consecuencia, según los analistas y dirigentes del sector del autotransporte, es el incremento de la tarifa en el transporte de pasajeros y de carga.

Eso repercutiría en la subida en los precios de los alimentos y otros artículos, lo que afectaría a la economía de miles de familias.

Un “gasolinazo”, como se denomina también a un incremento en el costo de los carburantes, trae consigo una escalada en los precios de los alimentos, que puede salirse de las manos de las autoridades que tienen la tarea de controlar que los mismos se mantengan estables.

Ese es el principal argumento del Gobierno para mantener la subvención de los combustibles, que los precios de los artículos básicos de consumo se mantengan más o menos estables.

Sin embargo, se debe recordar también que Bolivia gastó, según un informe de 2022, al menos 1.700 millones de dólares en la subvención de los combustibles.

El año pasado, en el mes de junio, el país llegó a importar cada litro de combustible a 10 bolivianos el litro y vendió el mismo producto a 3.72 el litro de diésel y a 3.74 el de gasolina, perdiendo más de 6 bolivianos por litro.

Según el proyecto del Presupuesto General del Estado 2024, el Gobierno garantiza un monto de dinero para mantener la subvención de los combustibles y alimentos, con un poco más de 1.400 millones de dólares.

Empero, si se mantiene la subvención, es imprescindible que se evite el contrabando de los carburantes hacia países vecinos, como sucede actualmente, negocio ilícito que deja réditos millonarios a unos cuantos, pero provoca pérdidas cuantiosas al país, además de la escasez que se refleja regularmente en los surtidores de las ciudades capitales.

El Gobierno debe mejorar su sistema de control para evitar el contrabando de diésel y gasolina y castigar severamente a quienes causan un gran daño a la economía del país.

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