Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 02 de octubre de 2022
  • Actualizado 03:14

No se puede legalizar un delito

No se puede legalizar un delito

Después de haber realizado varias movilizaciones para pedir que se les permita vender ropa usada en las calles de las diferentes ciudades, los comerciantes que se dedican a esta actividad van más allá, piden que el Gobierno apruebe la importación legal de esta mercadería para que no corran el riesgo de que se les decomise la prendería que venden.

El argumento que sostienen desde hace tiempo las personas que se dedican a esta actividad es que es su única fuente de sustento y de la misma, según los datos que ellos manejan, dependen al menos 300 mil familias en el país.

Los argumentos que esgrimen los comerciantes que se dedican a este negocio pueden ser hasta comprensibles, pero legalizar esta actividad como piden es atentar contra la industria formalmente establecida y que genera millones de empleos en el país.

Además, el uso de la ropa usada puede traer problemas de salud en la piel, según advierten dermatólogos, además de otras dolencias para el organismo.

Otro daño que genera la venta de ropa usada es que su ingreso como contrabando al país no genera ningún beneficio porque los que se dedican a esta actividad no pagan impuestos, como sí lo hacen las industrias que confeccionan ropa, por ejemplo.

Y si en algún momento se llegara a legalizar el ingreso de la ropa usada, con el fin de que su importación genere ingresos, lo más seguro es que la mayor parte de esta mercadería siga ingresando a territorio nacional sin pagar tributos, es decir, de contrabando.

Y si las familias que se dedican a vender ropa usada necesitan algún medio de subsistencia, una alternativa será la de vender las prendas que se confeccionan en el país, de los miles de talleres que se dedican a esta actividad, de tal manera que estarían aportando a que se promocione la industria nacional y, al mismo tiempo, se enmarcarían en una actividad legal.

Los comerciantes de ropa usada, mediante sus dirigentes, recordaron que presentaron a los asambleístas varios proyectos de ley para legalizar su actividad, sin recibir una respuesta clara. Y lo más probable es que no tengan el visto bueno que ellos esperan, porque no se puede legalizar una actividad que conlleva más perjuicios que beneficios.

Si se aprobara el ingreso legal de ropa usada, se estará afectando aún mucho más a la industria nacional, provocando que miles de personas vean en la venta de productos de contrabando un expediente fácil para ganar dinero, tal como ya ocurre, por ejemplo, en las denominadas ferias del contrabando que se trasladan de un sector a otro en Cochabamba, a vista y paciencia de la gente que, en vez de oponerse a este negocio, lo apoyan con la compra de diferentes artículos, de dudosa calidad.

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