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  • Diario Digital | domingo, 24 de octubre de 2021
  • Actualizado 22:00

El poder de las palabras: edifican o destruyen

El poder de las palabras: edifican o destruyen

Las palabras pueden edificar o destruir, todo depende de cómo se las dice, en qué contexto y si se las expresa con el fin de contribuir al bienestar de la comunidad o simplemente para generar caos, incertidumbre, zozobra o malestar entre la gente.

Por eso es importante que una persona, y más si es generadora de opinión pública, medite antes de expresar una idea, declaración o discurso, porque cualquier palabra mal dicha puede ser detonante para que se resquebraje aún más la unidad que está tan venida a menos entre los bolivianos.

Sobre este tema podemos mencionar más de un mal ejemplo, de palabras altisonantes o discursos poco sutiles que hacen daño a la sana convivencia social. Uno de los últimos casos es lo que sucedió en Santa Cruz, cuando el líder cívico Rómulo Calvo, según reflejaron los medios de comunicación, calificó de trapo la wiphala, además de lanzar denostaciones contra los migrantes, justamente el día en que se realizó la jornada del “wiphalazo” en diferentes ciudades del país.

Las declaraciones de Calvo provocaron la reacción de ministros y dirigentes del Movimiento Al Socialismo. Eduardo del Castillo, ministro de Gobierno, por ejemplo, criticó la “visión patronal” del cívico cruceño, lo que “no le hace bien a la economía ni a la democracia”.

A su turno, cívicos cruceños, mediante un comunicado, afirmaron que las declaraciones del presidente de esta entidad fueron descontextualizadas, ratificaron su respeto por los símbolos patrios y dijeron que lo que busca el Gobierno es “generar odio y división”.

Por eso, para no generar estos malos entendidos, es mejor meditar las palabras que se lanzan, cuidadosamente, para que estén orientadas a edificar, porque una palabra mal dicha puede ser utilizada por los detractores para sacar rédito político, atacar al adversario y culpar al otro por todo lo malo que ocurra.

No debemos olvidar, por ejemplo, que cuando el entonces prefecto Manfred Reyes Villa arengó en diciembre de 2006: “Adelante Santa Cruz y su independencia”, esta declaración fue el justificativo para exacerbar el rencor entre dos grupos y que a la postre desencadenó en cruentos enfrentamientos que dejaron el saldo de tres personas asesinadas y centenares de heridas, en lo que se conoce como Enero Negro.

Las autoridades y generadores de opinión pública, entre otros, deben ser conscientes de que una palabra mal dicha puede traer funestas consecuencias entre la población, por lo que, más bien, deben aprovechar que son líderes para dedicarse a construir puentes de entendimiento, de unidad, pero no solo con palabras sino con hechos, actitudes diferentes a las que se han asumido hasta ahora. 

Es hora de cambiar la mentalidad de división que se está imponiendo, no es tarde y es posible hacerlo.

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