Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 14 de agosto de 2020
  • Actualizado 02:11

Pandemia, pobreza y políticos

Pandemia, pobreza y políticos

Mientras cada día hay más personas que no tienen qué comer o dónde vivir, porque perdieron su empleo o dejaron de generar recursos por los  efectos de la pandemia del coronavirus que azota a Bolivia desde marzo de este año, los políticos y autoridades no tienen la capacidad para encarar la crisis económica y sanitaria que tiende a agravarse. Existen ciertos esfuerzos, pero son mínimos e insuficientes ante la cruda realidad.

Lamentablemente, las mezquindades y cálculos políticos parecen primar antes que la población boliviana, que no está para nada bien. Pareciera que no vieran ni leyeran las dramáticas historias que los medios de comunicación venimos reflejando sobre las necesidades que tiene la gente, las penurias que pasa para comprar medicamentos o encontrar alguien que le  atienda y muchos menos logre un espacio en los hospitales para evitar que el maldito virus acabe con su vida.

Nadie duda que las elecciones generales son importantes, pero, desde todo punto de vista, no son más relevantes que la salud del pueblo boliviano, que desde que se detectó el primer caso de COVID-19 más de 2.700 personas perdieron la vida, dejando cientos de huérfanos que hoy deben enfrentar solos la crítica situación del país.

Pese a que la pandemia tiende agravarse en varios departamentos, donde ha vuelto a repuntar la cifra de contagiados y muertos, ahora la población se ve amenazada con bloqueos y huelgas de hambre, exigiendo que sí o sí las elecciones generales se realicen el 6 de septiembre.

La gente que impulsa movimientos para obligar al Tribunal Supremo Electoral (TSE)  a retroceder en la nueva fecha que ha fijado (18 de octubre), se equivoca al ejercer presión con prácticas del pasado. No se ha dado cuenta que vivimos un nuevo tiempo, que el virus puede acabar incluso con los mismos políticos y con miles de personas que tal vez ni lleguen al 6 de septiembre que exigen.

Las protestas en Bolivia son legales y legítimas, están reconocidas dentro del ordenamiento jurídico, pero ¿serán oportunas en un escenario donde está suelto un enemigo invisible que no distingue edad, género ni tendencia política? Definitivamente que no.

Ahora si piensan que con esas presionen ganarán más votos, no es posible. Hay temor en la gente, que incluso a riesgo de todo ha tenido que tomar decisiones drásticas para no exponerse a ese enemigo que está suelto y que cada vez es más fuerte.

El Gobierno, por su lado, debe hacer lo suyo, pero separando la política del  verdadero rol que debe ejercer en este momento. Nada cuesta buscar un acuerdo nacional para salvar primero al pueblo, que hoy no tiene ni siquiera dónde enterrar a su gente.

El elector no necesita de prebendas de los políticos, sino de personas que en este momento tan crítico le ayude a sobrevivir, a salvar a su hijo, padre o pariente que ha sido contagiado. Los bolivianos quieren salud ante todo, no medidas paliativas o políticas que se desvanecen en el tiempo.