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  • Diario Digital | domingo, 26 de septiembre de 2021
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Palomas, envenenarlas o asumir un plan de control

Palomas, envenenarlas o asumir un plan de control

Decenas de aves (palomas), cuando no centenares, visitan cada día las plazas de Cochabamba y se posan en los tejados de los edificios del Casco Viejo, así como de los barrios residenciales y de la periferia.

Y si bien las palomas se constituyen en una atracción, especialmente para los niños que las alimentan con maíz partido, se convierten también en un problema para la urbe, porque ensucian las calles con excremento, e incluso pueden transmitir enfermedades que provocan infecciones pulmonares y del sistema nervioso central, que afecta especialmente a las personas con inmunidad debilitada.

En algunas ciudades de Brasil, por ejemplo, el número de palomas es tan grande que esta especie es considerada una plaga y las autoridades, según un reportaje de BBCMundo, “les han declarado la guerra y han buscado medidas para exterminarlas, considerando que su presencia podría traer numerosas enfermedades a la población”.

Y, al parecer, esta misma mentalidad tienen algunas personas en Cochabamba. O por lo menos eso se colige tras conocerse sobre la muerte de decenas de estas aves, en más de una oportunidad, en la plaza principal 14 de Septiembre y en otras zonas de la ciudad.

Para citar solo dos ejemplos, el 8 de septiembre al menos 20 aves de cuatro especies diferentes murieron tras la serranía de San Pedro, posiblemente a causa de la fumigación en una plantación de lechuga con productos nocivos para el medioambiente y los animales.

Ese mismo día, el Centro Municipal de Zoonosis confirmó que la muerte de las palomas en la Plaza de Armas se debió a un envenenamiento por, posiblemente, raticida, que se les habría suministrado mediante la comida.

La muerte de las aves, que se ha producido en más de una oportunidad, tiene un trasfondo con varias aristas de por medio. Por una parte, al parecer hay personas que tienen la firme intención de deshacerse de las palomas, porque consideran que esta ave ensucia con sus excrementos las viviendas y edificios, además de que pueden transmitir enfermedades.

Por su parte, quienes defienden a estas aves argumentan que las acusaciones contra esta especie son exageradas y que se las sataniza, porque ellas no transmiten más enfermedades que cualquier otro animal.

Y si bien las dos posturas tienen argumentos válidos, la cuestión más importante es cómo se puede solucionar este problema que trae más de un dolor de cabeza a las autoridades.

Es inadmisible que personas que se sientan perjudicadas recurran al expediente fácil de colocar veneno en los espacios públicos con el objetivo de exterminar a esta especie. Pero es también cierto que las autoridades municipales tienen que asumir acciones para que la proliferación de las palomas no se convierta en una plaga.

En todo caso, es importante conservar el equilibrio en la población de estas aves, con medidas acertadas que no causen daño a esta especie, con el fin de que no se conviertan en un problema de salud pública o sobrepoblación.

El municipio cuenta con expertos en animales que, seguramente, recomendarán qué medidas se deberán asumir y cómo implementarlas.

Estas acciones se deben asumir lo más pronto posible, antes que la situación se torne insostenible y la solución implique más recursos económicos y medidas más radicales.

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