Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 19 de septiembre de 2021
  • Actualizado 15:17

El país avanza hacia el despeñadero

El país avanza hacia el despeñadero

Furibundos enfrentamientos se suscitaron este miércoles en La Paz entre personas que piden la liberación de Jeanine Áñez, quien se encuentra recluida en el penal de Miraflores, y las que exigen que la exmandataria continúe detenida porque le atribuyen las muertes de Senkata (El Alto) y Sacaba (Cochabamba).

La pelea se convirtió en una “batalla” callejera que dejó el saldo de un herido en la frente y varios contusos producto de golpes de palo, puños y patadas.

Esta confrontación entre dos grupos que tienen demandas opuestas es una muestra más de que la intolerancia está imponiéndose en el país, hasta el extremo de no medir posibles consecuencias contra la integridad física de las personas, porque los golpes que se imparten pueden causar lesiones de mucha consideración, lo que, afortunadamente, no llegó todavía a suceder.

Las personas, en forma individual o en grupos, tienen derecho a expresar sus reclamos, demandas o solicitudes, pero, así como gozan de esa libertad, también deben respetar a quienes piensan diferente.

La polarización que afecta al país desde hace décadas se ha profundizado aún más desde los conflictos de fines de 2019 y sigue agravándose con cada insulto que intercambian entre los grupos enfrentados y más cuando se agarran a golpes en las calles, sin medir las consecuencias.

Lo adecuado en este caso, así como en otros, es dejar que el sistema judicial haga su trabajo sin presiones, con imparcialidad y valorando todas las pruebas que se presenten, tanto de la parte acusatoria (Fiscalía) como de la defensa, en este caso de la exmandataria Jeanine Áñez.

En los procesos judiciales no deberían imponerse las presiones políticas o sociales, porque eso implica que persiste una abierta injerencia sobre la justicia, que en los últimos años ha sido criticada por sus desacertados fallos y porque favorece a personas que han cometido delitos graves.

El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), que investigó los hechos ocurridos en 2019, concluyó que la justicia en Bolivia necesita una reestructuración debido a que adolece de varias deficiencias.

Y retomando el tema de los enfrentamientos, hoy más que nunca la rivalidad encarnizada entre grupos enfrentados se ha exacerbado hasta tal punto que pareciera que no hay siquiera un resquicio para lograr la reconciliación, concepto que se manejó como eslogan cuando las autoridades actuales pedían el voto de los electores.

Es hora de dejar de lado las posiciones recalcitrantes, porque lo único que se logra es profundizar el odio entre bolivianos y, de cierta forma, frenan el desarrollo por el cual deberían trabajar todos.

Si no se cambia de actitud sobre la marcha, el país seguirá camino hacia el despeñadero, del cual será complicado salir. Es hora de reflexionar y dejar las posiciones radicales para empezar a vivir en paz, sin defenestrar a nadie por su condición social o ideología, aún estamos a tiempo.

Entrando en la página solicitada Saltar publicidad