Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 18 de mayo de 2021
  • Actualizado 18:47

Niños a prueba de cuarentena

Niños a prueba de cuarentena

Las cuarentenas que se decretaron en el país desde el 22 de marzo de 2020 puso a prueba la resiliencia no solo de los adultos, sino especialmente de los niños, porque, de la noche a la mañana, se vieron obligados a permanecer encerrados en sus hogares, en algunos casos en ambientes estrechos.

La resiliencia, ese término que se ha puesto de moda en los últimos años, es, según el diccionario de la Real Academia Española, "la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos".

Las personas que se sobreponen a las situaciones difíciles o de frustración con solvencia son las que tienen mayor capacidad de resiliencia, mientras que otras necesitan de apoyo para sobrellevar los momentos de angustia.

Y con la cuarentena aún vigente (aunque con menos restricciones), los niños tienen que seguir lidiando con las dificultades que implica un encierro obligatorio para precautelar su salud y su vida.

En muchos casos, los niños sufren angustia y depresión y, sin embargo, se adaptan a lo que se considera la nueva normalidad, cumpliendo, en la medida de sus posibilidades, las restricciones que aún están vigentes.

Los niños no solo sufrieron el encierro obligatorio durante la cuarentena rígida, sino también, en muchos casos, el abandono de sus padres y maltrato físico y psicológico, por parte de adultos que no supieron sobrellevar las dificultades de una cuarentena a consecuencia de la pandemia del coronavirus.

Es obligación de las familias, y de la sociedad en general, proteger a todos los niños y brindarles las oportunidades para que estudien y desarrollen todo su potencial, más aún en medio de esta pandemia que no da tregua y que, al contrario, tiende a agravarse.

Hoy se recuerda el Día de la Niña y el Niño en el Estado Plurinacional de Bolivia, y como un justo homenaje a este sector de la población, la sociedad tendrá que esforzarse aún más para brindar todas las posibilidades posibles a todos los niños de Bolivia, sin distinción de raza, color, credo o situación económica. Todos los niños son iguales y, por lo tanto, merecen tener las mismas oportunidades.

Invertir en educación para los niños es una de las mejores apuestas que puede hacer el Estado, cuyos frutos se recogerán a mediano plazo, cuando tengamos una sociedad más próspera, inclusiva y desarrollada.

Que este Día del Niño Boliviano no se maneje solo como una consigna política, sino como una política integral de formación para las nuevas generaciones.

Es responsabilidad de los adultos brindar las oportunidades a todos los niños y ayudarles a descubrir sus vocaciones en los diferentes campos.

Tener niños preparados para la vida y optimistas depende de todos nosotros, para tener una sociedad más humana.

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